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Destitución necesaria: un funcionario “chatarra” menos, en el gobierno de Luis, pero aún faltan más…


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Editorial del periódico Sin Cortapisa

La reciente destitución de Francisco Guillermo García como director del Instituto Agrario Dominicano (IAD) ha tomado por sorpresa a muchos, pero la realidad es que su salida era no solo esperada, sino también necesaria y oportuna.

Durante su gestión, García mostró incapacidad gerencial y falta de resultados, convirtiéndose en uno de esos funcionarios que, lejos de impulsar las políticas públicas del gobierno, se transforman en lastres administrativos. Su desempeño gris y poco efectivo le valió el calificativo popular de “funcionario chatarra”, uno más de los que le restaban dinamismo a una institución clave para el desarrollo agrícola nacional.

El presidente Luis Abinader, en uso de sus atribuciones, designó de manera interina y honorífica a Darío Castillo Lugo como nuevo director general del IAD, marcando así un cambio que debe interpretarse como una señal clara: la tolerancia frente a la ineficiencia se está agotando.

La salida de García debe verse como un paso firme hacia una administración más eficiente y cercana a las metas del gobierno. Sin embargo, también debe quedar claro que no basta con una sola destitución. Hay otros espacios del aparato estatal que requieren con urgencia una profunda revisión.

Uno de esos casos es la Lotería Nacional, donde se han acumulado cuestionamientos, ineficiencias y manejos poco claros que ameritan una decisión contundente. Asimismo, el Gabinete Social necesita una reestructuración que devuelva credibilidad, efectividad y verdadera vocación de servicio a una entidad que ha perdido el rumbo y la confianza de la ciudadanía.

La población valora los esfuerzos del presidente Abinader por mantener una gestión transparente y firme. Pero el desafío es mayor: limpiar la casa completamente, sacando del tren gubernamental a todos aquellos que no estén a la altura del momento histórico que vive el país.

La destitución de Francisco Guillermo García no debe verse como un hecho aislado, sino como el inicio de una ola de cambios impostergables. El país necesita funcionarios comprometidos, eficientes y con visión; no más piezas oxidadas que entorpecen el avance nacional.

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