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Dos visiones de gobernar: Leonel Fernández y Luis Abinader frente a Cotuí


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Editorial del periódico Sin Cortapisa

Durante tres décadas, los habitantes de Cotuí, en la provincia Sánchez Ramírez, levantaron una misma voz: “Queremos una universidad”. Era una demanda justa de una comunidad rica en recursos naturales pero olvidada en oportunidades. Sin embargo, la respuesta a ese clamor revela dos maneras muy distintas de entender el poder y el servicio público: la de Leonel Fernández y la de Luis Abinader.

Cuando Cotuí pedía educación, el entonces presidente Leonel Fernández les respondió con una concesión: entregó la mina de oro más importante del hemisferio occidental, Pueblo Viejo, a una multinacional extranjera. En lugar de conocimiento, el pueblo recibió contaminación; en lugar de aulas, un río envenenado por los residuos mineros. Cotuí se convirtió en símbolo de cómo la riqueza nacional puede ser explotada sin dejar desarrollo sostenible ni progreso local.

Años después, bajo la administración del presidente Luis Abinader, la historia tomó otro rumbo. Donde antes hubo indiferencia, hoy hay acción. Abinader cumplió la promesa largamente postergada y construyó la universidad que Cotuí esperó por 30 años. Mientras Leonel levantaba aulas en Haití, Abinader levantaba esperanzas en el corazón de la República Dominicana.

Esta diferencia no es solo de gestión, sino de visión. Fernández gobernó desde el discurso global y la retórica de la modernidad; Abinader lo hace desde la cercanía, con obras tangibles que impactan directamente en la vida de la gente. Uno priorizó el brillo de las grandes inversiones extranjeras; el otro apostó por la inversión social, la educación y el desarrollo humano.

Cotuí es hoy un espejo del país que fuimos y del país que queremos ser. Un recordatorio de que gobernar no se trata de discursos, sino de decisiones que cambian vidas.

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