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EDITORIAL | A los 60 no se muere la mujer dominicana, se muere la hipocresía social


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En la República Dominicana existe una verdad incómoda que pocos se atreven a denunciar: cuando una mujer cumple 60 años, no envejece… la sociedad la descarta.

La jubilan sin consultarle.

La invisibilizan sin explicaciones.

La marginan sin remordimiento.

A esa edad, para muchos empleadores deja de ser “útil”. Para ciertos círculos sociales deja de ser “atractiva”. Para algunos seguros médicos se convierte en “riesgo financiero”. Y para una cultura machista profundamente arraigada, pasa a ser parte del mobiliario social: está ahí, pero nadie la ve.

¿En qué momento decidimos que la experiencia es un defecto?

¿Desde cuándo la madurez femenina se convirtió en sinónimo de estorbo?

Se les cierra la puerta laboral con el eufemismo de “renovación”.

Se les excluye afectivamente bajo la excusa de la “juventud”.

Y se les limita el acceso pleno a la salud con cláusulas, primas elevadas o coberturas restrictivas.

Eso no es casualidad. Eso es edadismo con rostro de mujer.

Eso es discriminación estructural.

Eso es violencia silenciosa.

Mientras el país habla de inclusión, equidad y derechos, miles de mujeres que levantaron familias, trabajaron décadas y sostuvieron hogares enteros, son empujadas al borde de la invisibilidad económica y emocional. Y lo más grave: muchas lo asumen en silencio, porque la cultura les enseñó que envejecer es pedir perdón por seguir vivas.

Pero no.

Una mujer de 60 años no es un descarte.

Es liderazgo acumulado.

Es carácter forjado.

Es resiliencia probada.

El verdadero problema no es su edad.

El problema es una sociedad que idolatra la juventud superficial y desprecia la sabiduría profunda.

Si el Estado no revisa sus políticas laborales, si el sistema de salud no garantiza coberturas dignas, si el sector privado no rompe con prejuicios arcaicos, seguiremos siendo un país que habla de progreso mientras practica exclusión.

Y que nadie se equivoque: hoy son ellas.

Mañana seremos todos.

Porque la edad no es un pecado.

El pecado es discriminar.

Sin Cortapisa

Donde la verdad no se maquilla.

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