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EDITORIAL | Cuando amenazar al periodismo pretende ser normal, la prensa extrema dice basta


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En una democracia que aspire a llamarse como tal, las amenazas, agresiones y tentativas de homicidio contra periodistas no pueden ni deben normalizarse. Por eso, la reacción firme y pública de la denominada prensa extrema en defensa de Salvador Holguín, periodista y empresario de la comunicación, CEO del Grupo de Medios Hilando Fino, no es un acto de corporativismo, sino de responsabilidad histórica.

La denuncia realizada por Holguín sobre tentativa de homicidio, amenazas graves y agresión física marca un punto de inflexión. No se trata de un episodio aislado ni de una simple controversia personal. Se trata de un hecho grave que pone en evidencia los riesgos reales que enfrentan los comunicadores que denuncian, investigan y se niegan a guardar silencio.

La solidaridad expresada por periodistas, influencers y comunicadores ha sido clara, frontal y sin matices: Salvador Holguín no está ni estará solo. Cada intento de intimidación, cada amenaza y cualquier acción que ponga en riesgo su vida o la de sus familiares y colaboradores será seguida, documentada y denunciada ante la opinión pública nacional e internacional.

El señalamiento contra Francisco Pacheco obliga a las autoridades a asumir su rol con seriedad y diligencia. Aquí no hay espacio para la indiferencia ni para el cálculo político. Cualquier agresión futura tendrá responsables materiales, pero también responsables morales e institucionales si el Estado falla en su deber de proteger.

Lo adviertimo con toda claridad: cuando se intenta callar a un periodista, se intenta silenciar a toda la sociedad. La prensa extrema ha asumido su compromiso de mantenerse vigilante, activa y firme, porque el silencio jamás será una opción frente a la violencia, el amedrentamiento y la censura. La libertad no se negocia; se defiende.

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