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EDITORIAL | FITUR: vitrinas, compromisos y futuro… no titulares vacíos


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Cada año, cuando la República Dominicana participa en la Feria Internacional de Turismo (FITUR), reaparece el mismo libreto: voces que reducen el evento a una simple pasarela de anuncios, midiendo su éxito únicamente por la cantidad de proyectos que “arrancan” de inmediato. Ese enfoque es simplista, desinformado y, en muchos casos, malintencionado.

FITUR no es una oficina de licitaciones. FITUR es, ante todo, una plataforma estratégica para promocionar al país, posicionar la marca nación, generar confianza, abrir puertas, crear relaciones y sembrar negocios. Quien pretenda que una inversión hotelera, inmobiliaria o de infraestructura turística se ejecute el mismo año en que se anuncia, sencillamente desconoce cómo funciona el ciclo real de una inversión seria.

Los proyectos que se presentan en FITUR se encuentran en distintas etapas: idea, prefactibilidad, factibilidad, estructuración financiera, diseño, permisos, compra de terrenos y, finalmente, construcción. Ese proceso, en condiciones normales, toma entre tres y cinco años. Pretender otra cosa es vender una fantasía.

Desde el contacto directo con actores del sector, se puede afirmar sin titubeos que el interés de inversionistas locales y extranjeros por la República Dominicana es real, tangible y, posiblemente, el más alto de los últimos 25 años. No es discurso. No es propaganda. Es una realidad que se refleja en agendas llenas, rondas de negocios, memorandos de entendimiento y visitas constantes al país.

Este escenario no surge por generación espontánea. Es consecuencia de una demanda turística sólida, del trabajo sostenido del Ministerio de Turismo, de la efectiva alianza público-privada articulada a través del Gabinete de Turismo y, sobre todo, de la estabilidad económica, política y social que vive la nación.

Sin estabilidad no hay inversión. Sin credibilidad no hay negocios. Y hoy la República Dominicana tiene ambas.

Ahora bien, reconocer lo anterior no significa conformarse. Hay un punto donde el Estado debe dar un paso más: el seguimiento. El país necesita mecanismos claros, públicos y transparentes que permitan saber qué proyectos anunciados avanzan, cuáles se estancan, cuáles se caen y por qué. Un sistema de “tracking” o rastreo de proyectos que muestre, en tiempo real, el estado de cada iniciativa y el nivel de materialización de las inversiones.

Eso fortalecería la confianza, elevaría la credibilidad institucional y cerraría el espacio a la especulación interesada.

FITUR no es humo. FITUR es semilla.
Y las semillas serias no brotan en una semana. Crecen, se cuidan… y dan frutos.

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