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EDITORIAL | General Elías Wessin y Wessin: el muro que detuvo el comunismo y salvó la soberanía nacional


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En la historia militar dominicana, pocos nombres despiertan tanto respeto entre los defensores del orden, la institucionalidad y la soberanía como el del general Elías Wessin y Wessin. En medio de la convulsa crisis de 1965, su liderazgo al frente del Centro de Enseñanza de las Fuerzas Armadas (CEFA) se convirtió en un factor decisivo para impedir que el conflicto interno fuera secuestrado por sectores de extrema izquierda que pretendían arrastrar a la República Dominicana hacia una dictadura de corte castrista.

Wessin y Wessin comprendió con claridad que, más allá de las pugnas políticas circunstanciales, la misión esencial de las Fuerzas Armadas es garantizar la soberanía nacional y evitar que intereses extranjeros o ideologías totalitarias se impongan sobre la voluntad del pueblo dominicano. Su firmeza desde la base aérea de San Isidro no fue un acto de ambición personal, sino una postura estratégica que sostuvo un equilibrio de poder indispensable para preservar el Estado y abrir el camino al retorno del orden institucional.

En un contexto regional marcado por la expansión de guerrillas y movimientos armados financiados desde el exterior, la figura de Wessin y Wessin representó una muralla moral y operativa frente al avance del comunismo en el Caribe. Su conducta estuvo guiada por principios innegociables: anticomunismo, disciplina militar y lealtad absoluta a la patria.

El legado del general Elías Wessin y Wessin no puede ser analizado con ligereza ni reducido a consignas ideológicas. Fue un militar convencido de que sin orden no hay libertad, y sin soberanía no hay nación. Su papel en 1965 marcó un punto de inflexión que permitió a la República Dominicana evitar un destino de dictadura ideológica y encaminarse, con el tiempo, hacia la estabilidad institucional y el crecimiento económico.

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