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RESUMEN
En momentos en que la República Dominicana demanda sobriedad, institucionalidad y respeto por la función pública, resulta inaceptable que un funcionario actúe con ligereza y ponga en entredicho la imagen del Gobierno.
El director de la Dirección General de Información y Defensa de los Afiliados a la Seguridad Social (DIDA), Elías Báez Armao, ha sido señalado por presentarse en un escenario público en condiciones impropias de un alto cargo del Estado: bajo los efectos del alcohol, con una conducta inadecuada y proyectando una imagen que dista mucho de la responsabilidad que exige su posición.
No se trata de un asunto personal. Cuando se ocupa una dirección que maneja temas tan sensibles como la defensa de los afiliados al sistema de seguridad social, cada gesto, cada palabra y cada aparición pública tiene peso institucional. No es tiempo de “fronteos”, ni de exhibicionismos vacíos. Es tiempo de prudencia, disciplina y respeto.
El presidente Luis Abinader ha construido su gestión sobre la base de la transparencia, el orden y la institucionalidad. Por eso, cualquier comportamiento que proyecte desorden o irrespeto no solo afecta al funcionario involucrado, sino que intenta salpicar al gobierno en su conjunto.
El país observa. La oposición espera cualquier desliz para convertirlo en narrativa política. Y en ese contexto, ningún funcionario puede darse el lujo de actuar con imprudencia.
La función pública no es un escenario para improvisaciones ni para exhibiciones personales. Es un espacio de servicio. Quien no entienda esa diferencia, sencillamente no está a la altura del cargo que ocupa.
Aquí no se trata de escándalos ni de rumores. Se trata de coherencia. Si el gobierno exige disciplina, debe practicarla. Si promueve institucionalidad, debe defenderla. Y si predica ejemplo, debe comenzar por casa.
Porque en política, como en la vida, la forma también es fondo. Y cuando un funcionario pierde la forma, compromete el fondo.

