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EDITORIAL | Luis René Canaán: Así cualquiera se enamora del PRM


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Así cualquiera se enamora del Partido Revolucionario Moderno (PRM). Así cualquiera se vuelve “perremeísta” de la noche a la mañana. Quitándole y ocupando los puestos y cargos a los verdaderos perremeístas, a quienes trabajaron, sudaron, arriesgaron y defendieron este proyecto político cuando no había poder, ni presupuesto, ni privilegios.

El caso de Luis René Canaán no es aislado; es el símbolo de una práctica peligrosa que se ha venido normalizando en el gobierno del presidente Luis Abinader: Premiar al recién llegado, al oportunista reciclado, al político acomodaticio, mientras se margina a la militancia auténtica del PRM. Esa militancia que construyó el triunfo desde la oposición hoy observa, con indignación, cómo otros disfrutan los frutos del poder que no ayudaron a sembrar.

No se trata de una persecución personal ni de una diferencia ideológica menor. Se trata de justicia política, coherencia y respeto. ¿Con qué autoridad se habla de cambio cuando se repite el viejo vicio de desplazar a los propios para favorecer a los mismos rostros de siempre? ¿Cómo se le explica a un dirigente de base que fue utilizado para ganar elecciones, pero descartado a la hora de gobernar?

Desde Sin Cortapisa lo advertimos con claridad: El poder mal administrado se convierte en traición silenciosa. Cada cargo entregado a un arribista es una bofetada a la estructura del PRM. Cada funcionario impuesto sin historia partidaria es una herida abierta en la moral de quienes creyeron en un proyecto distinto.

Así cualquiera se enamora del PRM: Llegando con traje nuevo, sin pasado de lucha, sin lealtad probada, y ocupando el espacio que le correspondía a otro. Pero también así se siembra la decepción, la fractura interna y el desgaste político que tarde o temprano se cobra factura.

El presidente Abinader aún está a tiempo de escuchar a su partido antes de que el partido deje de escucharlo a él. Porque un gobierno puede sobrevivir rodeado de oportunistas, pero ningún proyecto político se sostiene traicionando a su propia base.

El poder no puede seguir siendo un premio para los recién llegados y un castigo para los que siempre estuvieron.

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