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RESUMEN
En política, el que se mueve sin hacer ruido suele avanzar más que el que grita en la plaza pública. Eso es exactamente lo que está ocurriendo dentro del Partido Revolucionario Moderno (PRM), donde los presidenciables, aunque no estén en activismo abierto, trabajan intensamente en la reorganización interna del poder, conscientes de que el verdadero terreno de batalla ahora no está en las calles, sino dentro de la estructura del partido.
La prudencia frente al Gobierno del presidente Luis Abinader ha obligado a bajar el perfil. Ningún aspirante quiere ser visto como desleal, apresurado o conspirador mientras el oficialismo aún está en plena gestión. Pero esa prudencia pública contrasta con una intensa actividad interna, donde cada proyecto presidencial busca colocar sus cuadros en posiciones estratégicas dentro del proceso de renovación partidaria.
Lo que está en juego no es solo la próxima candidatura presidencial, sino el control del partido.
Los presidenciables han entendido que quien domine la estructura interna tendrá ventaja decisiva cuando llegue el momento de escoger al candidato. Por eso se libra ahora una lucha silenciosa por secretarías, direcciones, coordinaciones y posiciones clave que, aunque parezcan menores, son las que terminan definiendo el poder real.
El movimiento de fichas ya es visible.
El paso de Jean Luis Rodríguez apoyando a David Collado, cuando muchos lo consideraban cercano al sector de Hipólito Mejía, revela que las lealtades tradicionales se están moviendo y que los proyectos presidenciales están construyendo nuevas alianzas sin hacer ruido.
El caso de Alfredo Pacheco también resulta sintomático.
Es, sin duda, uno de los dirigentes de mayor peso político dentro del PRM, pero el mensaje que ha dejado entrever apunta a que podría desmontarse de cualquier proyecto presidencial, lo que abre espacios y reacomoda fuerzas en el tablero interno.
Mientras tanto, figuras como Gloria Reyes se mantienen bajo perfil, pero activas, aspirando a posiciones importantes dentro de la estructura, en un escenario donde los acuerdos internos pueden terminar siendo más determinantes que la popularidad mediática.
En ese mismo contexto, la coordinadora del proyecto de Eduardo “Yayo” Sanz Lovatón se mantiene como una pieza clave en las negociaciones para la secretaría general, lo que confirma que el director de Aduanas no solo trabaja su posicionamiento externo, sino que también ha construido una fortaleza interna que muchos subestiman.
Y aquí está el punto central. El PRM está viviendo un proceso de reconfiguración de poder.
No es tiempo de discursos, es tiempo de estructuras.
No es momento de caravanas, es momento de cuadros.
No es etapa de campaña, es etapa de control interno.
Cuando concluya el proceso de renovación, el mapa político del oficialismo será muy distinto al que hoy se percibe en la superficie. Algunos que parecen fuertes podrían quedar debilitados, y otros que hoy se ven silenciosos podrían emerger con más poder del que muchos imaginan.
Hasta ahora, todo indica que Yayo Sanz, aun apareciendo en tercer lugar en el escenario público, ha logrado construir una base interna más sólida que varios de sus competidores, lo que podría convertirse en un factor determinante cuando llegue la verdadera competencia.
En política, el poder no siempre se ve…
pero siempre se siente. Y en el PRM, el poder se está moviendo. Sin ruido. Sin cámaras. Sin avisar.
