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RESUMEN

Por: Morenito Ferreras
Luis Abinader es un presidente honesto y trabajador; sin embargo, su buena fe le jugó una mala pasada. Hoy enfrenta el enorme desafío de no poder controlar la corrupción endémica de los funcionarios dominicanos, que en su mayoría aspiran a llegar al poder con el único propósito de enriquecerse, lo cual no es el caso del presidente.
Así como Joaquín Balaguer cometió el error de, en vez de apoyar a Peña Gómez y al viejo PRD, respaldar a un partido de tercera sin raigambre popular —y este, con astucia, se robó la base de sustento del PRSC y del balaguerismo, destruyéndolo—, ese fue el gran error de un gran sabio como Balaguer.
Abinader cometió un error similar. Olvidó que a los presidentes que no buscan la reelección, sus propios funcionarios no les guardan respeto. En consecuencia, al patrocinar una Reforma Constitucional poco comprendida, con los famosos candados, terminó debilitando su propia autoridad. Esa reforma debió realizarla en el último año de gobierno, manteniendo las expectativas de que podía continuar. Así, sus funcionarios, temerosos, le hubieran respetado.
Hoy sucede lo contrario: saben que se va sin más remedio. Y al igual que Balaguer, Abinader cometió su gran error. Le pesará, porque aunque intente trancar medio gobierno, no lo van a respetar más. Todos, con las manos de un pulpo, empezarán a llevarse todo lo que puedan.
Esa es la naturaleza endémica de la corrupción dominicana, de la cual no escapa ningún partido político.
