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EDITORIAL | El país exige la destitución inmediata del director de la OPRET por inepto, incapaz e inoperante


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La irresponsabilidad tiene límites, y en la OPRET ya no queda duda de que estos fueron cruzados hace tiempo. Hoy, la indignación nacional es generalizada: el país exige la destitución inmediata del director Rafael Santos, cuya gestión ha quedado marcada por la incapacidad, ineptitud y total inoperancia administrativa.

Los hechos hablan por sí solos. No fueron acusaciones externas ni especulaciones de terceros: fue el propio director de la OPRET quien admitió que en cinco años de gestión no se dio mantenimiento a las plantas de emergencia del Metro, no se verificó el combustible, no se supervisaron las baterías ni se ejecutaron los protocolos mínimos de seguridad.

Es decir, se dejó al Metro el principal sistema de transporte masivo del país a la deriva, sin previsión, sin control y sin responsabilidad. Un descuido inadmisible en cualquier institución, pero absolutamente imperdonable en una que mueve a cientos de miles de ciudadanos cada día.

El resultado está a la vista: fallas, caos, pérdidas económicas y un deterioro alarmante de la confianza pública. La incompetencia institucional nunca había quedado tan expuesta.

Rafael Santos no puede seguir al frente de la OPRET. No después de admitir semejante nivel de negligencia. No después de poner en riesgo la seguridad de los usuarios. No después de demostrar que no posee las condiciones mínimas para dirigir una entidad técnica de esta magnitud.

El país espera que el Gobierno actúe con firmeza y responsabilidad. Mantener a este funcionario en su cargo sería avalar un desastre anunciado.

La destitución es impostergable.

En Sin Cortapisa, seguiremos señalando lo que otros temen decir…

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