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RESUMEN
Editorial de Sin Cortapisa
En días recientes, el periodista y empresario de la comunicación Dany Alcántara ha emprendido una ofensiva pública contra el también empresario de las telecomunicaciones Juan Ramón Gómez Díaz. Sus declaraciones, cargadas de cuestionamientos y señalamientos, han buscado instalar en la opinión pública una narrativa negativa contra la figura del presidente del Grupo Telemicro.
Sin embargo, esta postura ha despertado serias interrogantes dentro de la sociedad dominicana, especialmente entre quienes recuerdan que el propio Alcántara formó parte del Grupo Telemicro durante años y respaldó, sin reservas, las mismas decisiones, políticas internas y estilos de dirección que hoy critica con vehemencia.
Para muchos observadores, el giro radical en su discurso proyecta una evidente doble moral, pues pareciera olvidar que los señalamientos que hoy formula eran parte del mismo modelo empresarial del que él formó parte y del cual se benefició en su momento.
El periodismo crítico es esencial en una democracia; lo que socava su credibilidad no es la denuncia, sino la incoherencia. La sociedad dominicana exige transparencia, pero también coherencia y responsabilidad de quienes manejan el poder de la palabra. No es ético exigir rectitud en otros mientras se ocultan las propias contradicciones.
El debate público debe construirse sobre la base de la honestidad y la memoria. Cualquier crítica legítima merece ser escuchada, pero cuando proviene de quien ayer aplaudía lo que hoy condena, surge una duda inevitable: ¿se trata de una convicción real o de un interés circunstancial?
En tiempos donde la comunicación influye decisivamente en la percepción ciudadana, los actores mediáticos tienen la obligación moral de hablarle al país con autenticidad, sin agendas ocultas y sin manipular el discurso para ajustar cuentas personales o políticas.
La sociedad dominicana merece debates serios, no discursos que cambian según la conveniencia del momento.
