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Omar Fernández y la sombra del pasado político


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Editorial del periódico Sin Cortapisa

Hoy parece evidente que la agenda del senador Omar Fernández no difiere de la que en su momento impulsó su padre, el expresidente Leonel Fernández. Su discurso apunta a reeditar las políticas de apertura y complacencia que caracterizaron aquellas administraciones, cediendo soberanía y permitiendo un flujo migratorio sin control. Todo ello parece responder a compromisos con poderes fácticos que impulsaron su carrera y que esperan de él la defensa de sus intereses.

Sería oportuno escuchar al senador pronunciarse no solo sobre el llamado “plan de regularización” de haitianos, sino también en torno a otros temas de igual trascendencia nacional:

  • La privatización de empresas del Estado.
  • Los contratos lesivos como el de la Barrick Gold (97/3).
  • El peaje sombra.
  • Las mafias en las ARS y las AFP.
  • Los 130 millones de dólares del caso Sun Land.
  • El parqueo de la UASD.
  • Su opinión sobre Félix Bautista, su padrino político y coordinador de campaña.
  • O sobre Víctor Díaz Rúa, señalado en múltiples escándalos de corrupción.

Estos son asuntos de nación que permitirían definir con claridad al joven político y el carácter de su proyecto. Sin embargo, su silencio sobre tales temas resulta tan revelador como su postura ambigua ante la crisis migratoria haitiana.

En definitiva, Omar Fernández no representa un relevo generacional auténtico, sino la continuidad de una élite vinculada a los más oscuros intereses del pasado. Su proyecto luce más comprometido con la preservación de privilegios que con la transformación real del país.

La República Dominicana enfrenta hoy un reto histórico con la crisis haitiana. El presidente Luis Abinader ha sido firme al señalar que el país no tiene la solución al problema de Haití, y ha defendido esa posición en escenarios internacionales como la Asamblea General de las Naciones Unidas. Esa claridad contrasta con la ambigüedad de un sector político que parece dispuesto a repetir los errores del pasado.

El país necesita líderes con coraje para defender la soberanía y enfrentar los desafíos estructurales de la nación, no figuras jóvenes que, bajo la máscara del relevo, reproducen los mismos vicios que tanto daño han causado.

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