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2018: Los retos de la oposición política

Por: Guillermo Moreno

Es una verdad de Perogrullo decir que la oposición política del país no está articulada. Y me refiero por oposición política, además de los partidos, al movimiento social y ciudadano independiente que también enfrenta al oficialismo.

Es pues necesario auscultar la realidad interna de la oposición para entender por qué se hace tan difícil su articulación.

En la oposición hay sectores, sobre todo entre los que hasta el 2012 fueron aliados del PLD que, si bien se oponen a la reelección de Danilo Medina, no necesariamente adversan el continuismo del PLD si éste llevara como candidato a Leonel Fernández. Estos son opositores de circunstancia. Son acompañantes para un trecho corto.

Frente a ellos están los que se oponen no solo a la reelección de Danilo Medina sino, además, al continuismo del PLD. Estos últimos sectores se identifican plenamente con la propuesta: “Hay que sacar al PLD del poder”. Asumen que luego de casi 17 años de gobierno, 13 de ellos de forma ininterrumpida, ni el PLD ni su liderazgo, en forma alguna, pueden ser una salida. Ellos son los responsables directos del conjunto de problemas graves que hoy enfrentamos como sociedad. Lejos de ser solución son parte del problema a resolver.

Esta es una primera separación en la oposición, que es difícil de superar.

Asimismo, en la oposición hay quienes están a la espera de que se determine el candidato presidencial del PRM para definir su actitud y con quién se alían. Estas agrupaciones, lejos de estar concentradas en definir en el discurso y en la acción una propuesta opositora propia, de lo que están pendientes es de lo que suceda en esa otra formación política y dependiendo de ello desplegar o no una línea unitaria y de oposición. En mucho, esta actitud mantiene frisados a esos sectores de la oposición hasta que se realice la convención de ese partido y se defina la candidatura presidencial.

La otra cuestión es el alcance político del proyecto opositor.

Algunos actores de la oposición se identifican tan solo con producir un “cambio político”, sin tocar el modelo injusto, corrupto y clientelar que le ha servido de sostén. Se trata de una visión que reduce el ejercicio de oposición a simplemente salir del PLD. Es como cambiar de “conductor” pero seguir en el mismo carro. Es cambiar al PLD y que en esencia todo siga igual. Es un “quítate tú para ponerme yo”.

Frente a ellos está la oposición que se identifica con el cambio político pero teniendo como contenido producir el “cambio democrático”, sintetizando en este concepto el necesario periodo de transición para hacer las reformas y transformaciones que permitan sentar las bases legales e institucionales para producir un cambio de rumbo en el país.

También hay diferencias en la oposición entre un sector que ve el 2020 como el escenario de disputa del poder para impulsar el Cambio Democrático y otro que cree hay condiciones para una insurrección popular, la destitución de Danilo Medina y la convocatoria a una constituyente. Estos últimos confunden una coyuntura favorable con una situación revolucionaria. En vez de un programa de “mínimos indispensables”, plantean un “programa máximo”.

Hay sectores que siguen creyendo en los acuerdos concertados en frío, en la repartición del Estado o la adscripción a un candidato como vía para articular a la oposición. Frente a éstos y, tomando en cuenta que en este país las instituciones están secuestradas por el oficialismo y que han perdido toda independencia para aplicar con imparcialidad la ley, se plantea que el método de construir cualquier espacio unitario tiene que ser por vía de una convergencia en la acción, en cada comunidad, en cada sector, en torno a los problemas locales y los grandes temas nacionales. Estos puntos de encuentro tienen que darse en un ambiente en que se fortalezcan las coincidencias y donde nadie pierda su identidad e independencia.

Imaginemos el escenario siguiente: No se hace la necesaria reforma profunda de la Ley Electoral a fin de garantizar la transparencia, la equidad, la legalidad y la confiabilidad del proceso electoral; Danilo Medina y su facción imponen las primarias abiertas y, además, sea por vía del Tribunal Constitucional o del Congreso habilitan al presidente para presentarse a una nueva reelección, ¿qué estará dispuesta a hacer la oposición? ¿Se decidirá a promover la movilización ascendente y generalizada de la ciudadanía o la desobediencia civil o el boicot de las elecciones del 2020?

Dividida la oposición en torno a los métodos, a la visión de la coyuntura, al alcance de las tareas y del programa a levantar es muy difícil pensar que en el 2018 sea posible avanzar hacia la articulación de una propuesta política en capacidad de disputar el poder.

Todo indica que, en estas circunstancias, en lo inmediato no hay posibilidad de una convergencia del conjunto de la oposición política. A pesar de ello, está por verse si finalmente se avanza entonces en la conformación de varios bloques de oposición conforme sus puntos de identidad, y más adelante se pueden crear puentes para la unidad de acción en los temas en que haya coincidencia.

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