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EDITORIAL | No es justo ni decente Carolina: cuando la ambición política se construye sobre la miseria


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No, Carolina Mejía, no es justo. No es higiénico. No es respetuoso. Y mucho menos es decente.

Poner a niños pobres, hijos de machepa, a recoger basura de noche y de madrugada, exponiéndolos a riesgos físicos y sanitarios, a cambio de un juguete de 100 pesos, no es solidaridad ni política social: es explotación disfrazada de caridad.

Eso no dignifica.
Eso humilla.
Eso marca de por vida.

En un país donde la niñez debería estar protegida por el Estado, lo ocurrido refleja una desconexión alarmante con la realidad social y una peligrosa normalización del abuso de la pobreza para fines propagandísticos. La infancia no es utilería, ni los barrios escenarios para montar relatos de “sensibilidad social”.

Y aun así, alcaldesa, usted tiene los ovarios de decirle al país que aspira a la Presidencia de la República. Si alguien la está asesorando en ese camino, no le hace un favor: la está empujando al descrédito. Porque no hay ambición que resista el juicio moral cuando se construye sobre la dignidad pisoteada de los más vulnerables.

Quien aspira a gobernar una nación debe demostrar empatía real, no montajes. Debe proteger a los niños, no ponerlos a trabajar en la oscuridad por una migaja. Debe elevar a los pobres, no exhibirlos.

En Sin Cortapisa lo decimos claro y sin maquillaje:
el poder que se apoya en la miseria no merece gobernar.
Y quien confunde servicio público con espectáculo, no está listo para dirigir un país.

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