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EDITORIAL | Cuando el investigado grita “ladrón a quien lo investiga”: El libreto viejo de la corrupción en RD


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Según fuentes confiables, la investigación iniciada por la Dirección General de Impuestos Internos (DGII) compromete seriamente a Magín Díaz, por múltiples maniobras fraudulentas ejecutadas en los últimos meses, cuando fungía como director durante el gobierno de Danilo Medina y el PLD. Los hallazgos no son menores ni superficiales: tocan nervios sensibles del poder económico y político heredado del pasado reciente.

Por eso la desesperación.
Por eso el ruido.
Por eso el ataque.

El director saliente de la DGII, Luis Valdez, actuó con valentía institucional al atreverse a investigar donde nadie quería mirar, tocando intereses que durante años se consideraron intocables. En un país donde la impunidad ha sido norma, investigar a figuras del viejo poder es casi un acto de rebeldía.

La reacción de Magín Díaz en su despedida acusando de “ladrón y corrupto” a Luis Valdez no sorprende a nadie. Es el manual clásico del poder acorralado: atacar al investigador para desviar la atención de la investigación. Cuando no se puede desmontar el expediente, se intenta destruir al mensajero.

Aquí no hay confusión posible.
Cuando el perseguido es el investigador y no el investigado, el problema no es Luis Valdez.
Cuando el ruido viene del señalado y no de las pruebas, el problema no es el presidente Luis Abinader.

El problema tiene nombre y apellido: Magín Díaz, ministro de Hacienda, peledeísta y danilista, expresión viva de una cultura política que se resiste a rendir cuentas.

En Sin Cortapisa lo decimos sin rodeos: quien grita primero no siempre es inocente; muchas veces es quien más teme que la verdad salga a la luz. Y cuando un funcionario responde con insultos en lugar de explicaciones, la sospecha deja de ser política y se convierte en moral.

La República Dominicana no puede retroceder al tiempo en que investigar era un pecado y robar un privilegio. La justicia no puede temblar ante los gritos del pasado.
Y el país debe decidir de qué lado está: del que investiga o del que ataca para encubrir.

Porque cuando la corrupción se defiende atacando, es porque sabe que está contra las cuerdas.

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