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RESUMEN
Un Banco Agrícola en números rojos, bajo la gestión del administrador Fernando Durán, arrastra serios problemas para cobrar préstamos irregulares, mantiene una mora maquillada y exhibe una cartera crediticia cada vez más deteriorada. Sin embargo, en lugar de corregir el desorden financiero y administrativo, decide que su prioridad es destinar RD$475 millones de pesos a una licitación dirigida para un solo suplidor, bajo el rótulo conveniente de “ciberseguridad”.
La pregunta es obligada: ¿de qué sirve blindar los sistemas si el problema real está en la conducción de la institución?
Cuando una entidad financiera del Estado pierde el control de su cartera, tolera irregularidades en la colocación de préstamos y oculta la verdadera dimensión de la mora, no está ante un problema tecnológico, sino ante una crisis de integridad, gerencia y transparencia.
Invertir casi quinientos millones de pesos en firewalls y antivirus no resolverá una administración que no cobra, que no audita con rigor y que no rinde cuentas claras al país. La ciberseguridad no puede ser la excusa perfecta para desviar la atención de una mala gestión, ni mucho menos un traje a la medida para licitaciones cuestionables.
Presidente Luis Abinader, el problema del Banco Agrícola no está en los servidores ni en los hackers. El problema es humano, administrativo y ético, de ineficiencia, ineptitud e incapacidad. No se corrige con software, se corrige con voluntad política, supervisión real y consecuencias.
Porque cuando una institución está en rojo por dentro, ningún blindaje digital puede salvarla del descrédito público.
