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EDITORIAL | Si crees que tu vida es dura… lee esto y deja de quejarte


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Vivimos en una época donde muchos se sienten derrotados antes de empezar. Donde abundan las excusas, pero escasea la voluntad. Donde se romantiza el cansancio, pero se desprecia el sacrificio. Por eso es obligatorio mirar de frente la vida de Nelson Mandela y preguntarnos, sin anestesia: ¿de qué nos estamos quejando realmente?

Mandela pasó 27 años encerrado en una celda de apenas dos por dos metros.

Veintisiete años sin libertad.

Veintisiete años viendo pasar la vida tras barrotes.

Veintisiete años castigado no por robar, no por matar, no por traicionar… sino por exigir dignidad para su pueblo.

Picó piedras bajo el sol inclemente de Sudáfrica.

Comió basura.

Recibió golpes.

Fue humillado sistemáticamente.

Le arrebataron la convivencia con su esposa.

Le robaron la infancia de sus hijos.

Y aun así, cuando le ofrecieron libertad a cambio de traicionar sus principios, respondió siempre lo mismo: NO.

Prefirió pudrirse en prisión antes que vender su conciencia.

Prefirió el encierro antes que arrodillarse.

Prefirió el sufrimiento antes que convertirse en cómplice.

SALÍO A LOS 71 AÑOS… Y NO BUSCÓ VENGANZA.

Mientras muchos a esa edad solo piensan en descanso, Mandela salió a reconstruir una nación.

No pidió cabezas.

No pidió sangre.

No promovió odios.

Perdonó.

Y cuatro años después, se convirtió en el primer presidente negro de Sudáfrica.

El mismo Estado que lo torturó durante casi tres décadas terminó reconociéndolo como líder.

Esa es la estatura de un gigante.

Entonces volvamos a la realidad:

Tú que te quejas porque el trabajo es pesado.

Tú que abandonas porque “está difícil”.

Tú que dices que “ya es tarde” a los 30, 40 o 50 años.

¿Tarde para qué?

Mandela no tuvo privilegios.

Tuvo carácter.

Mandela no tuvo suerte.

Tuvo disciplina.

Mandela no tuvo atajos.

Tuvo una voluntad que no se quebró.

Tu vida, con todos sus problemas, no es ni el uno por ciento de lo que él soportó.

Así que basta de autocompasión.

Basta de lamentos.

Basta de culpar al mundo.

Levántate.

Enfrenta.

Resiste.

Trabaja.

Lucha.

Porque si Mandela sobrevivió 27 años en una celda sin perder el alma…

TÚ PUEDES SOBREVIVIR A TUS PROBLEMAS SIN RENDIRTE.

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