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EDITORIAL | Haití: Las preguntas incómodas que el poder debe responder


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La historia ha querido o condenado a Haití y a la República Dominicana a un vínculo inevitable. Compartimos una isla, una frontera viva y una realidad geopolítica que no admite improvisaciones ni silencios cómplices. Por eso, cuando Haití se desmorona, la pregunta no es si nos afecta, sino cómo y cuán preparados estamos para enfrentar las consecuencias.

Y es ahí donde surgen las preguntas incómodas que el poder prefiere esquivar.

¿Cuál ha sido, en términos reales y concretos, la experiencia de nuestros embajadores en Haití? ¿Qué conocimiento profundo tenían o tienen del terreno, de sus actores, de sus redes de poder formal e informal? ¿Cuándo y por qué se debilitó o se abandonó la cooperación en materia de seguridad e inteligencia entre ambos países? ¿Quién tomó esas decisiones y con qué criterio?

El asesinato del presidente Jovenel Moïse marcó un antes y un después en la historia haitiana. Pero también debió marcar un punto de inflexión en la política exterior y de seguridad de la República Dominicana. ¿Qué sabíamos antes de ese magnicidio? ¿Qué se hizo o no se hizo después? ¿Se evaluaron los riesgos regionales? ¿Se reforzaron los mecanismos de prevención o simplemente se optó por mirar hacia otro lado?

Hoy, más que nunca, la nación dominicana necesita respuestas claras, no discursos edulcorados ni consignas de ocasión. La crisis haitiana no es un tema ideológico ni propagandístico: es un asunto de seguridad nacional, de soberanía y de responsabilidad histórica.

La gran interrogante sigue en pie: ¿tiene el equipo diplomático del llamado “cambio” la experiencia, la capacidad y la visión estratégica para manejar una crisis de esta magnitud? ¿O estamos pagando el precio de la improvisación, el amiguismo y la falta de preparación en cargos que exigen rigor, conocimiento y carácter?

Haití arde. La frontera tiembla. Y el silencio oficial no protege a la República Dominicana: la expone. En temas de Estado, callar no es prudencia; es negligencia. Y la historia, como siempre, terminará pasando factura.

 

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