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EDITORIAL | Madurez o fractura: la prueba real del PRM está por venir


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En política, las palabras tranquilizan… pero los hechos deciden.

Cuando Eduardo Sanz Lovatón asegura que el Partido Revolucionario Moderno no se va a pelear para elegir su candidato presidencial, el mensaje es claro: quieren proyectar unidad, disciplina y madurez. Y en teoría, eso es lo correcto.

Pero la política dominicana no se mueve solo con buenas intenciones.

La historia reciente demuestra que los partidos, cuando sienten el aroma del poder futuro, suelen tensarse. Las aspiraciones crecen, los egos despiertan y las estructuras comienzan a contar fuerzas. Decir que no habrá conflictos es fácil. Garantizarlo es otra cosa.

El PRM hoy gobierna. Y gobernar unifica… mientras el poder está intacto. El verdadero examen llegará cuando la candidatura presidencial deje de ser una hipótesis y se convierta en una competencia real, con nombres, números y estructuras enfrentadas.

¿Habrá reglas claras?

¿Habrá árbitro confiable?

¿Habrá disciplina si el resultado no favorece a todos?

La unidad no se impone por declaración pública. Se construye con acuerdos firmes, liderazgo fuerte y respeto a los procesos internos. Y sobre todo, con capacidad de aceptar resultados sin traumas.

Si el PRM logra escoger su candidato sin fracturas, habrá dado una demostración de madurez política inédita en muchos procesos internos de la historia partidaria dominicana. Pero si las tensiones explotan, las consecuencias no solo serán internas: impactarán la gobernabilidad y la percepción ciudadana.

La advertencia es simple: las peleas no comienzan cuando se anuncian; comienzan cuando los intereses chocan.

Hoy el discurso es de armonía. Mañana veremos si esa armonía resiste la presión del poder.

Porque en política, la unidad no se proclama.

Se prueba.

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