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RESUMEN
En la República Dominicana la memoria política suele ser corta, pero los hechos están ahí, intactos. En el 2020, la Fuerza del Pueblo terminó siendo aliada estratégica del Partido Revolucionario Moderno para impedir que el Partido de la Liberación Dominicana continuara en el poder. Fue una jugada fría, matemática, diseñada para sacar al partido morado del Palacio Nacional.
Y lo lograron.
Pero como aquí nada está escrito en piedra, hoy el tablero vuelve a moverse. ¿Es descabellado pensar que mañana el PLD pueda terminar aliado al PRM para frenar el ascenso de la Fuerza del Pueblo? En política, lo imposible solo dura hasta que conviene.
Las alianzas no se construyen por amor. Se construyen por supervivencia.
Lo que ayer fue enemigo, mañana puede ser socio táctico si la aritmética electoral así lo exige. Y si algo ha demostrado la historia reciente es que las diferencias ideológicas en el país son flexibles cuando el poder está en juego.
Ahora bien, hay un elemento que añade tensión al escenario: el 2028 no solo será una batalla electoral, será un punto de inflexión institucional.
Existe un temor real en sectores políticos y empresariales sobre qué podría ocurrir con el presidente Luis Abinader una vez entregue el poder. En América Latina sobran ejemplos de expresidentes sometidos, perseguidos, apresados o políticamente anulados dependiendo de quién los sustituya.
La pregunta que muchos se hacen en voz baja es simple:
¿Garantiza continuidad política la tranquilidad posterior?
Porque si quien llega al poder decide revisar, investigar o desmontar estructuras del pasado reciente, el panorama podría cambiar drásticamente. Y eso, guste o no, influye en las decisiones estratégicas que se tomen desde ahora. El 2028 no será solo una elección entre partidos. Será una elección entre proyectos, alianzas y garantías.
La Fuerza del Pueblo sabe que no puede confiar en escenarios cómodos. El PLD sabe que su única vía de regreso podría pasar por acuerdos impensables. Y el PRM sabe que la sucesión es más delicada que la victoria.
Aquí nadie es enemigo eterno ni aliado permanente.
Lo único permanente es el poder… y el miedo a perderlo. Y como siempre hemos dicho: En la política dominicana nada está escrito… hasta que se firma.
