EditorialesEL EDITORIALGeneral

EDITORIAL | Reforma policial sin vocación: ¿sueldos altos, pero sin patriotismo?


Escuchando artículo…

0:00 / 0:00


Hablar de reforma policial y militar en la República Dominicana es tocar una herida abierta. Durante años se ha prometido modernización, profesionalización y transformación estructural. Sin embargo, hay una verdad incómoda que pocos se atreven a decir: la motivación que está llevando a muchos jóvenes a ingresar hoy a las filas policiales y militares no es patriótica, es económica.

Y eso es peligroso. No se trata de desmeritar la necesidad de mejorar los salarios porque un agente mal pagado es una tentación permanente para la corrupción, pero cuando el único motor que impulsa el ingreso a las instituciones castrenses es el dinero, estamos construyendo una fuerza pública sin vocación de servicio.

Hoy vemos con preocupación cómo muchos de los nuevos aspirantes no soportan siquiera una semana de acuartelamiento. La disciplina les resulta pesada. La obediencia les incomoda. El sacrificio les abruma. Porque no entraron por compromiso con la patria, sino por la paga mensual.

La vocación no se compra. Se forma. Y ahí radica otro problema aún más grave: la deficiencia formativa y disciplinaria en los procesos de ingreso. Se está priorizando llenar vacantes antes que moldear carácter. Se gradúan miembros sin la preparación integral necesaria para portar un uniforme que representa autoridad, orden y responsabilidad frente a la nación.

Peor aún, quienes muchas veces están a cargo del entrenamiento pertenecen a estructuras desfasadas, con métodos antiguos y sin actualización doctrinal acorde a los desafíos del siglo XXI. No se puede pretender construir una policía moderna con esquemas del pasado. Si de verdad queremos salvar y transformar nuestras instituciones armadas y policiales, la reforma debe comenzar en la formación.

Proponemos algo claro y estructural: que los cadetes de cuarto año asuman el rol de entrenadores directos de los nuevos reclutas como parte obligatoria de su pasantía de graduación. Que enseñar disciplina, ética, valores y profesionalismo sea requisito indispensable para obtener su rango. De esa manera, se crea una cadena formativa moderna, exigente y con visión renovada.

La reforma no puede ser solo aumento salarial y cambio de uniformes. Debe ser transformación cultural. Disciplina. Honor. Respeto a la jerarquía. Compromiso con la patria. Sin esos pilares, cualquier reforma será maquillaje institucional.

La República Dominicana necesita policías y militares que ingresen por vocación, no por conveniencia. Que vean el uniforme como símbolo de servicio, no como nómina segura. Que entiendan que portar un arma implica carácter, preparación y valores.

Si no corregimos el rumbo, estaremos pagando más… pero construyendo menos. Y una nación sin fuerzas del orden con verdadera mística de servicio, es una nación vulnerable.

La reforma debe ser profunda, no cosmética. Porque la patria no se defiende con salario solamente; se defiende con convicción.

Botón volver arriba