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RESUMEN
COLOMBIA.- Confiaba más en los enemigos de mi padre que en mi propia familia. La frase no la pronunció cualquiera. La dijo Juan Pablo Escobar, el hijo del hombre que convirtió el narcotráfico en un imperio.
Tras la muerte de Pablo Escobar, su familia quedó completamente desprotegida. Lo que más le marcó no fue la persecución de los enemigos de su padre. Fue la traición de los suyos.
Según relata, mientras parte de su familia intentaba quedarse con la herencia, los jefes del Cartel de Cali, rivales históricos de Pablo Escobar, decidieron intervenir.
Cuenta que Gilberto Rodríguez Orejuela defendió que se respetara la voluntad de su padre y aseguró que nadie debía aprovecharse de la viuda ni de sus hijos. Pero el episodio más impactante estaba por llegar.
Juan Pablo acudió a una reunión convencido de que iba a morir. Le habían advertido que probablemente no saldría con vida. Aun así fue.
Cuando pidió hablar cara a cara con Miguel Rodríguez Orejuela y Hélmer «Pacho» Herrera, esperaba una sentencia de muerte. En cambio, recibió otra respuesta. Le comunicaron que podía seguir viviendo.
Años después sigue sosteniendo una afirmación que resume toda aquella historia: «Dormiría tranquilo en la casa de cualquier jefe del Cartel de Cali. Nunca en la de mi familia paterna.»
Una confesión que refleja hasta qué punto las traiciones familiares llegaron a dolerle más que la guerra entre los dos cárteles más poderosos de Colombia.
