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En la confianza está el peligro


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Por: Angel Méndez

La vida, en su constante e impredecible curso, suele entregarnos lecciones marcadas por el dolor y la tragedia. A menudo nos refugiamos en la idea de que los mayores riesgos provienen de lo desconocido, de los escenarios ajenos o de las sombras que habitan fuera de nuestro círculo. Sin embargo, la realidad se encarga de recordarnos una verdad incómoda y ancestral: muchas veces, la amenaza más certera viste la ropa de la familiaridad. En la confianza ciega, precisamente ahí, radica el verdadero peligro.

La reciente tragedia que ha sacudido el alma del merenguero Julián «Oro Duro» es un reflejo desgarrador de esta premisa. Un hombre que dedicó su vida a alegrar a un pueblo a ritmo de güira y tambora, cuya trayectoria musical ha sido un pilar del arte popular dominicano, hoy se enfrenta al abismo más profundo que puede experimentar un ser humano. La pérdida y el dolor no vinieron esta vez vestidos de un enemigo declarado, sino desde las entrañas de esa cercanía donde uno jamás espera recibir un golpe mortal.

El caso de Julián nos obliga a hacer una pausa colectiva como sociedad. Nos invita a desmontar esa narrativa ingenua de que la cercanía o la convivencia prolongada son garantía absoluta de lealtad, paz o seguridad. Nos demuestra que el exceso de confianza nos despoja de las herramientas de protección más elementales: la prudencia, el discernment y la cautela. Cuando bajamos la guardia por completo, confiando en que el entorno conocido es un santuario inexpugnable, nos exponemos a que el peligro actúe sin resistencia.

No se trata de promover el aislamiento ni de vivir atrapados en una paranoia permanente que imposibilite las relaciones humanas. Se trata, más bien, de rescatar el valor de la prudencia en un mundo cada vez más complejo. La confianza es un bien preciado, pero debe ser administrada con criterio; cuando se entrega de manera irrestricta y sin límites, deja de ser un puente de afecto para convertirse en una trampa mortal.

Hoy, mientras el país y el entorno artístico acompañan a Julián «Oro Duro» en su inmenso pesar, nos queda la amarga reflexión de una tragedia que pudo ser la de cualquiera. La historia del querido merenguero nos deja un aviso contundente, grabado con dolor y lágrimas: no hay enemigo más temible que aquel a quien le hemos abierto las puertas de nuestra casa y de nuestro corazón sin reservas. Porque cuando la guardia se desmorona ante la familiaridad, descubrimos de la peor manera que, efectivamente, en la confianza está el peligro.

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