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Por cada persona que comete grandes actos de violencia, hay muchas más que están de acuerdo


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Santo Domingo. – Era abril de 1994 cuando en Ruanda se desató uno de los episodios más violentos de la historia moderna: en apenas 100 días, más de 800.000 personas fueron masacradas, muchas de ellas con machetes.

Quienes sobrevivieron al genocidio y aquellos que lo han estudiado coinciden en que la retórica hostil que durante años usó la etnia gobernante, los hutus, contra la etnia tutsi fue clave en la violencia que los primeros desataron sobre los segundos.

Quizás la mejor explicación sobre el rol del discurso en la masacre se escuchó años después cuando un testigo declaró que una estación de radio local había sido responsable de «esparcir gasolina por todo el país poco a poco, de manera que un día todo el país pudo prenderse fuego».

Este tipo de mensajes capaces de inspirar violencia masiva son el eje de estudio del Dangerous Speech Project (Proyecto Discurso Peligroso), creado y dirigido por la estadounidense Susan Benesch.

«No se puede hacer una lista de las palabras consideradas peligrosas porque todo depende de quién lo dice, a quién y en cuáles circunstancias», le explica a BBC Mundo.

Por eso su equipo analiza los mensajes en sus respectivos contextos y trabaja en métodos para evitar sus devastadoras consecuencias.

Su línea de investigación ha ganado especial relevancia en tiempos donde internet y, en particular, las redes sociales se han convertido en amplificadores de estos discursos peligrosos.

De hecho, Benesch, quien también integra el Centro Berkman Klein por el Internet y la Sociedad de la Universidad de Harvard, recientemente presentó un proyecto técnico al Consejo Asesor de Contenido de Facebook sobre la moderación de cuentas y contenidos.

Pero antes de llegar a ello, es importante entender qué es un discurso peligroso y el rol de las redes sociales en su aumento y falta de control.

 

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