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Crecimiento económico, para qué

Por: Elèxido Paula                    

En sus 17 años gobernando la nación, el PLD, de acuerdo con el Banco Central y organismos internacionales como la CEPAL, FMI, Banco Mundial, Foro Económico Mundial, entre otros, han señalado que el país goza de un sostenido crecimiento macroeconómico que ronda entre un 5.5% y un 6% durante ese período.

Sin embargo, según el propio Banco Central el crecimiento económico sufrió un bajón en el primer semestre de este año 2017, en comparación con igual periodo del año pasado. De una tasa de crecimiento de un 7.4% en el primer semestre del 2016, bajó en el mismo período a 4%; eso significa que se trata del mayor decrecimiento económico del país de un semestre a otro, en varios años. El Fondo Monetario Internacional (FMI) pronostica que República Dominicana crecerá un 4.8%, el segundo mayor de América Latina.

Aunque parezca contraproducente, ese crecimiento ha estado cimentado en un insostenible e insoportable endeudamiento, cada vez más progresivo, y a veces, de manera acelerada. La deuda pública representa ya el 52% de PIB y el 41% de recaudaciones. En un país que se importa todo lo que producimos y que no aumenta sus exportaciones, sobran razones para cuestionar si es sustentable a mediano plazo la carrera indetenible de endeudamiento, y ver como consecuencia, un país sumido en un colapso y crisis económica profunda.

El país arrastra y tiene un innegable problema fiscal y de deuda; se estima que el déficit fiscal en la actualidad ronda los RD$ 89,000 MM. lo que equivale a aproximadamente al 3% del PIB, de cada año. Lo peor es que el financiamiento de ese déficit ha implicado un intenso incremento en el endeudamiento público.

La desgracia de este país es que ese histórico y pronunciado déficit fiscal es provocado por la evasión y elusión fiscal de una parte importante del sector empresarial, los subsidios a los empresarios del sector eléctrico y del Transporte, el gasto clientelar, la corrupción en todas sus manifestaciones entre funcionarios; los cuantiosos recursos económicos destinados a las campañas electorales tanto de Leonel Fernández como del actual presidente Danilo Medina, sobre todo en los períodos de reelección.

Realmente nos preguntamos para qué y para quién crecemos económicamente. Crecemos y seguimos enanos en desarrollo humano. El crecimiento es inequitativo, desigual, injusto y despiadado. Crece un sector de poder encabezado por los altos funcionarios que ostentan sueldos de lujo, los propietarios de las corporaciones que dominan el sector de las telecomunicaciones, las corporaciones hoteleras y turísticas, los empresarios de las remesas, los importadores, los dueños de los grandes consorcios de negocios de bancas de loterías, y por supuesto, la cúpula de los bancos comerciales y privados nacionales y del exterior radicados en el país. Contamos con un crecimiento macroeconómico, pero con una clase media constreñida por un ingreso per cápita pírrico, con salario que no alcanza para cubrir una canasta familiar modesta.

El crecimiento económico que exhibe el gobierno de Danilo Medina es ficticio, falso, engañoso y demagógico; forzosamente promovido y mercadeado como un gran logro, mientras aumenta la pobreza, la indigencia, la marginalidad, el desempleo y el trabajo informal.

Cómo entender, cómo asimilar y aprobar que crecemos económicamente, cuando de acuerdo con la ONG Alemana Transparencia Internacional, la República Dominicana ocupa el segundo lugar de los países de América Latina y el Caribe donde se paga más soborno para acceder a servicios públicos básicos y también nos coloca en segundo lugar como país más corrupto en el sector público de esta zona geográfica. Pero, además, seguimos entre los 10 países más inseguros de la región, según el Índice Internacional de Seguridad y Policía.

Cómo hablar y cómo comprender en el terreno llano y sencillo, en el lenguaje propio del pueblo, que crecemos económicamente, cuando tenemos las peores puntuaciones y desaprobación, de acuerdo con el Índice de Competitividad Global del Foro Económico y Social en materia de corrupción, calidad del sistema educativo, confiabilidad de la policía, independencia judicial, eficiencia del gasto público, desvió de fondos públicos, favoritismo en decisiones de funcionarios públicos, Salud y calidad en la enseñanza de ciencias y matemáticas.

Un país como el nuestro, sumido en esos abismos del atraso y del subdesarrollo tercermundista jamás puede darse el lujo de difundir por los cuatro vientos que crecemos económicamente, y peor aún, todos esos índices revelan que estamos muy lejos del desarrollo humano.

 

 

 

 

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