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Danilo cumplió

Por: Rafael Ciprián

En nuestro país, la mayoría de los dirigentes políticos se maneja en base a la doble moral y a la ausencia de ética. Y lo hacen sin guardar las formas. Eso no es accidental. Se debe al atraso económico que sufrimos, a la falta de institucionalidad que nos yugula y a la ausencia de los diversos tipos de conciencia que nos desnaturaliza, tales como la social, la política, la de clase, la nacional, la de sujeto y la de pertenecer a una comunidad. Y esos políticos se creen muy hábiles.

Dicen que saben nadar y guardar la ropa, sin que se moje. Por eso actúan frente al contrario con la divisa de palo si boga y palo si no boga.

Y el blanco principal de todos los ataques es el que tenga la representación del poder, sin importar la instancia de que se trate. Ese poder puede ser ejercido en una entidad privada o en un movimiento, agrupación o partido político, o en el Estado.

Muchas de nuestras figuras públicas viven mentalmente en la época de concho primo, de las montoneras y del abajo el que suba. Mientras más alto está la persona y más logros se atrevan a exhibir, más duro le darán.

Los males que han generado el sistema político presidencialista, clientelista y patrimonialista que tenemos, son muy grandes. La concentración de poderes es muy perniciosa.

Gabriel García Márquez afirmó que un Presidente es lo que más se parece a Dios en Latinoamérica. Tenía la razón. Esa realidad ha hecho que el dominicano común todo lo espere de arriba. Cree que las soluciones a los problemas deben llegarle o de Dios o del Presidente. Está más perdido que el hijo de Límbert.

Una prueba de las aseveraciones anteriores la encontramos en el gran y necesario movimiento ciudadano de la Marcha Verde. Cometió el error táctico y estratégico de enrumbar la lucha contra la impunidad y la corrupción, teniendo como el blanco de ataque al presidente Danilo Medina.

Nos atrevimos a escribir varios artículos advirtiendo ese yerro. Precisamos que la tarea de una acción cívica nunca debe ser la de desprestigiar o deponer a un jefe de Gobierno. Con eso desbordaba los cauces en que debía actuar. Ese es y debe ser un objetivo de un partido político de oposición. La tarea cívica real es hacer lo necesario para que las instituciones funcionen, como establece la arquitectura constitucional y todo el ordenamiento legal vigentes.

Por ejemplo, cuando se dijo que el Procurador General de la República (PGR) no sometía judicialmente a los supuestos corruptos por falta de la orden del presidente Medina, afirmamos que el PGR es formalmente, por mandato de la Carta Magna, independiente y responsable en sus funciones. Algunos se resintieron.

Como se iniciaron los reclamados procesos legales con el caso de Odebrecht, hay que admitir, si somos honestos, y contrario a como se alegaba, que el presidente Danilo Medina cumplió con su obligación de dejar en libertad al PGR para que actúe conforme al ordenamiento jurídico. Ahora les toca a los jueces decidir el caso.

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