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El día que el Estado me falló

Por: Millizen Uribe

He dedicado mis últimos 18 años de vida a luchar para que tengamos un país donde a los ciudadanos se nos garanticen nuestros derechos y las instituciones funcionen para todos, sin importar si tenemos o no dinero.

Lo he hecho porque soy de las que creo que sí, que es posible que República Dominicana funcione como nación, como país y como Estado.
Sin embargo, en una de las circunstancias familiares más difíciles que me ha tocado vivir, el Estado me ha fallado. Me ha dejado impotente, abandonada y sola.
Ha pasado ante la desaparición de un familiar, mi tío materno Luciano Moreno De Salas (Domingo), quien lleva siete meses desaparecido.
Cuando perdimos contacto con él, recurrimos al Departamento de Desaparecidos de la Policía. Lo hicimos como los ciudadanos comunes que somos, sin usar tráfico de influencias. Y, lamentablemente, las limitaciones y la falta de institucionalidad fueron la carta de bienvenida. El coronel Herasme, encargado del departamento, carece de la cantidad de vehículos y personal suficientes para hacer las pesquisas necesarias. Y el archivo deja mucho que desear.
A seguidas, la acostumbrada burocracia. Esa que hace todo más lento y difícil. En el traspaso del caso a la Fiscalía, cuando finalmente nos asignaron un fiscal, al licenciado Orlando de Jesús, la dilatación ha sido extrema y el proceso tímido, dando como resultado que cuatro meses después de haber hecho el reporte, ni la Policía Nacional, mediante el Departamento de Personas Desaparecidas, ni la Fiscalía de Santo Domingo Este, que opera en la Plaza Gapre, han sido capaces, como instituciones, de dar al menos una respuesta a mi familia.
Y mientras eso pasa, el dolor e incertidumbre de mi mamá, mi abuela, y demás familiares crece cada día al no saber el paradero o estado de mi tío.
Por supuesto que nosotros no somos los únicos. Desde 2012 a 2014 desaparecieron 1772 personas. Y, aunque como siempre las estadísticas están desactualizadas, esto significa que cada dos días una familia perdió contacto con un ser querido.
Lo peor es comprobar, en carne propia, que el país no tiene política ni protocolo adecuado para tratar las desapariciones.
Comparto esta experiencia tan dolorosa y personal para que los dominicanos entendamos que de nada vale conformarnos con soluciones individuales para los problemas colectivos que nos aquejan. Aquí las instituciones no hacen su trabajo y eso nos afecta a todos. Por eso, lo más conveniente es accionar y luchar para que las instituciones, el Estado y las leyes funcionen. ¡Y cuanto antes mejor!, no vaya a ser cosa que cuando más lo necesite, a usted también el Estado, simple y sencillamente, le falle.

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