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El discurso

Por: Inés Aizpún

“Una combinación de resignación y apatía se ha instalado al interior de nuestro sistema”. Esa frase, pronunciada ayer por el presidente de la Suprema Corte Luis Henry Molina trasciende a la Justicia y podría extenderse a otros ámbitos de la vida dominicana. Es la interiorización de que nada va a cambiar y que cualquier esfuerzo por impulsar una transformación es una pérdida de tiempo (además de un engorroso sacrificio).

Era su primer Día del Poder Judicial en el puesto y Molina, en su discurso, resaltaba las ganas, casi prisa, por lograr cambios concretos. Como un gerente, explicó tiempos y números inusuales en este tipo de comparecencias y ayudó al ciudadano de a pie a entender mejor por qué la Justicia es tan lenta y cómo se propone esta gestión acelerarla. Un mensaje que era necesario que alguien diera.

“Para ofrecer un servicio de justicia oportuno y eficiente, debemos hacer ajustes en el modo en que hacemos nuestro trabajo diario. Ajustes que significan y significarán algunos sacrificios, cambios de perspectiva y adaptación.” Así la Justicia se pone al ritmo de todos los demás sectores e industrias del país. No hay oficio o profesión que no esté en estos momentos repensándose y ajustando lo necesario para superar la inercia de su tradición.

Más: “No más entrevistas de partes con jueces que conocen una causa. No más accesos conjuntos de jueces, abogados y fiscales a las salas de justicia.” “Recurrir a jueces interinos y suplentes procedentes de la abogacía en funciones es anacrónico, y peligroso.”

Muchas ideas, mucha determinación en un discurso que se entendió bien porque asumía los problemas que a la gente de a pie le acarrea una Justicia casi siempre lenta, cuestionada éticamente y demasiadas veces… mañosa.

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