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El matrimonio político


Por: Borja Medina Mateo

En los últimos tiempos se ha acentuado la participación política de las esposas de los políticos de carrera, en diferentes partes del mundo. En Estados Unidos, por ejemplo, el expresidente Bill Clinton y su esposa Hillary, y, por supuesto, la pareja presidencial compuesta por Barack y Michelle Obama.

En Latinoamérica hay casos recientes como el de Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner ambos expresidentes de la Argentina. Así como la República Dominicana tiene la participación del expresidente Dr. Leonel Fernández y su esposa la Dra. Margarita Cedeño de Fernández, hoy vicepresidenta del país.

Sin embargo, pese a actualmente ser más notorio el activismo político de las esposas y la popularidad que hayan podido exhibir en un momento determinado, este es un fenómeno relativamente viejo. Ya que, si buscamos en la historia de la Argentina, entre 1940 y 1950, encontraremos la ejemplar y conmovedora relación de Juan Domingo y Eva Perón.

Evidentemente, para entender cada caso hay que ir a su origen, pues si la relación surge de forma accidentada y defectuosa, así puede ser el devenir de la pareja. O, por el contrario, si emerge del amor, de las necesidades, las dificultades y de las vocaciones compartidas puede crecer y florecer. Verbigracia, de los Obama se han conocido múltiples historias e imágenes que comprueban de dónde viene ese vínculo de amor y complicidad, que hemos apreciado en su paso por la política.

Un caso especial: Evita y el General Perón

Sus allegados decían que desde que se conocieron eran el uno para el otro: María Eva Duarte (Evita), actriz de profesión, y, Juan Domingo Perón, militar y político.

Su unión fue difícil. Debido a que era extraño y hasta repudiado en el ámbito militar argentino que un hombre de las armas se casara con una mujer con un quehacer distinto a los reconocidos socialmente como: profesora, enfermera, etc. En ese entonces, las actrices eran precedidas por otro tipo de reputación.

Ese no fue el caso de Evita. Desde joven tuvo una vocación para el servicio social. La misma coincidió con la necesidad del entonces Ministro de Trabajo de encontrar una mujer que le acompañe en su desarrollo como hombre con vocación de poder. Según sus colaboradores, se complementaban y estaban profundamente enamorados.

Aún hay quienes cuentan y dan fe de lo excepcional y genuino de ese amor. Pero, de forma especial, se refieren a la entrega de Evita a la causa de su marido.

Fue una primera dama joven, activa y solidaria. Se destacó por su defensa a los más desfavorecidos y marginados; a los enfermos, a los ancianos y a las mujeres, a quienes en su conjunto llamó: descamisados. Una manera efectiva de conectar con ese sector.

En poco tiempo se granjeo el reconocimiento, nacional e internacional, por la encomiable labor social que llevó a cabo. Asimismo, ganó una valoración importante por parte del pueblo.

En torno a su figura se organizó una estructura política en adhesión al general Perón que se llamó Movimiento Femenino Peronista, que tuvo gran impacto en las mujeres y en todos los niveles de la sociedad. Además, grandes conquistas que todavía hoy se disfrutan en plena democracia como: el voto femenino y la promoción de la mujer para asumir posiciones en la plana mayor del poder político argentino.

Jamás se le vio hacer otra cosa en público que no fuese promover a su esposo. Nunca hizo comentarios ambivalentes relacionados con Perón o que aludiesen hacia la dirección de su lealtad o de su corazón. Siempre expresó un apoyo irrestricto, fiel e incondicional a la figura del presidente Perón.

Todavía resuenan en Buenos Aires las palabras pronunciadas por una Evita débil y enferma, en uno de los momentos políticos-electorales más difíciles de Juan Domingo, que dicen: “Les pido una sola cosa: estoy segura de que pronto estaré con ustedes, pero si no lo llegara a estar por mi salud, ayuden a Perón, sigan fieles como hasta ahora con Perón. Yo no quise ni quiero nada para mí. Mi gloria es y será siempre el escudo de Perón y la bandera de mi pueblo”.

Evita enfermó de cáncer cervical, a causa del cual murió. Sin embargo, estando en un cuadro crítico de su salud, antepuso el cuadro crítico de su marido en la política para hacer acto de presencia y apoyarlo en cuerpo y alma. Nunca estuvo ausente de las batallas más enconadas que el General hubo de librar.

En fin, es una historia apasionante que permite reflexionar sobre la participación política de los matrimonios en la actualidad. El presidente Perón, por su parte, dio todo el amor y apoyo a su esposa hasta el último latido de su corazón. Pues la misma, por su actitud y entrega sin condición, para con su marido y su país, era merecedora de eso y más.

Fue precisamente el 1 de mayo de 1952 que Evita pronunció sus últimas palabras públicas, las cuales concluyó diciendo: “Yo sé que ustedes recogerán mi nombre y lo llevarán como bandera a la victoria”.

El presidente Perón ganó en forma abrumadora.

Nadie sería capaz de dudar que por esa conducta de amor sincero y leal de ella para con su esposo, el pueblo argentino la hubiese premiado como su sucesora en la presidencia de ese país.

Sólo la muerte pudo ausentar a Evita de la vida del General Juan Domingo Perón


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