Opinión

El muro, el azar y la vida


Por: Inés Aizpún.

Es la imagen con la que se recordará el torrencial aguacero del sábado 18 de noviembre. Nueve vidas se perdieron bajo ese muro de hormigón en una aciaga tarde que, a pesar de que había alerta de mal tiempo, no tenía visos de contener tanta destrucción.

Hay muchas otras: carros arrastrados en las calles convertidas en corrientes indetenibles de agua. Parques y plazas citadinas anegados como falsos embalses. Teteos bajo la lluvia, la versión 4.0 de los baños en los caños de agua de la muchachada de los barrios. Paredes derrumbadas por mala construcción (ahorrar en varillas, más común de lo que se cree), inundaciones en casas levantadas donde algún día hubo cañadas y ríos.

¡Ah! «Es que cuando se hizo el túnel no se sabía nada de cambio climático». Pero sí se sabía de construcción.

Esa es la imagen que nos recordará siempre que el azar juega un papel determinante en nuestras vidas. Que un minuto antes se habrían salvado, que un minuto después alguien se salvó. Bajo ese muro caído había nueve vidas.


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