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El observador

Por: Luis Eduardo Montero

Francamente hablando, nuestro país no está democráticamente sano, lamentablemente no lo está. Más bien está enfermo, enfermo de corrupción, enfermo de impunidad, enfermo de parcialidad, enfermo de delincuencia, enfermo de desigualdad, de irresponsabilidad, está enfermo de un desafortunado sistema que no conoce la vergüenza, el honor, la decencia y el inviolable respeto hacia el ciudadano.

No me califiquen de pesimista o exagerado, sólo quiero que aterricemos y que pongamos los pies en la tierra, y que reconozcamos la peligrosa situación que vive la democracia en la República Dominicana.

Es motivo de justificada pena, ver como una organización política se dedica a la franca prostitución de los poderes del Estado, especialmente de aquel poder que constituye un pilar para la estabilidad de cualquier sociedad que practica democracia, me refiero al Poder Legislativo. La eficiente legislación de un país es fundamental para la cohesión social y el Estado de Derecho.

Es una tangible realidad que el Partido de la Liberación Dominicana (no el PLD de Bosch) gobierna a sus anchas, sin ningún tipo de presión opositora, gracias a una oposición sin norte, sin pie ni cabeza, carente de un discurso crítico, basado en propuestas y planteamientos razonables, que puedan viabilizar nuestros procesos, que muy viciados están.

Por lo menos tenemos  a un Movimiento Social (Marcha Verde) que persiste en demandar al Estado Dominicano el fin de la corrupción y la impunidad dentro del aparato administrativo nacional. Esa expresión social nos obliga a no perder por completo la esperanza.

Atendiendo a todo eso, y partiendo de la naturaleza del concepto “democracia”, podemos afirmar sin temor a equivocarnos, que no es prudente, que un sólo partido controle todos los poderes de un Estado; es sencillamente peligroso y por demás tentador. No debe ser así, no es democráticamente correcto.

Está demostrado que el absolutismo en el poder genera embriaguez, desgaste, excesos,  corrupción, impunidad, burla, parcialidad, inequidad y por supuesto todo eso conlleva a una inevitable Insalubridad Democrática

 

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