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Muere ‘espíritu olímpico’ que “nunca será olvidado”

Derek Anthony Redmond enfilaba la contrarresta de su semifinal de los 400 metros en los Juegos de Barcelona cuando notó un profundo dolor. Uno de los grandes favoritos al oro que se había colgado esa medalla en el relevo 4×400 en el Europeo de Stuttgart 1986 y el Mundial de Tokio 1991 representando a Gran Bretaña, además de ser el recordman de la prueba individual en su país, veía como sus sueños se apagaban de golpe por una lesión. Una rotura grave en los tendones de la corva, los músculos isquiotibiales que se encuentran ubicados en la región posterior del muslo, le habían dejado KO.

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De hecho, fue el final de su carrera deportiva. Pero Derek Redmond no aceptó su destino. Se puso en pie y con 250 interminables metros por delante emprendió un reto de llegar a la meta a la pata coja y con un tremendo dolor. El Estadio Olímpico de Montjuic rompió en un aplauso unánime y la épica se completó cuando antes de enfilar la recta final llegó para ayudarle su progenitor, Jim, que había saltado de su asiento en la grada.

La imagen de padre e hijo juntos para cumplir con la distancia ha pasado a la historia como uno de los momentos más recordados de la historia del deporte. De hecho, el episodio ha sido utilizado por el Comité Olímpico Internacional para explicar qué significa el espíritu olímpico. También la Asociación Olímpica Británica dijo que el suyo fue un momento olímpico que “nunca será olvidado”. Jim Redmond ha muerto a los 81 años y el COI ha querido homenajearle en ‘Twitter’: “Derek y Jim, juntos, nos trajeron uno de los momentos más inspiradores en la historia olímpica”. “Intentó disuadirme al principio. Me decía que no tenía nada que demostrar y que no necesitaba hacer esto, pero le dije que iba a terminar. Luego dijo que lo haríamos juntos. Así lo hicimos, y crucé la línea cojeando y llorando”, relataba el episodio hace unos años Derek en la ‘BBC’.

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