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Gonzalo: ¿apto para gobernar?

Por: GUIDO GÓMEZ MAZARA

La tendencia de estimular propuestas presidenciales que rompan con el molde del político tradicional tomó cuerpo en la medida que los aparatos partidarios se resquebrajaron como resultado del desgaste y asociación a prácticas de corrupción desde la gestión gubernamental. Desde Fujimori, Humala, Bucaram, Mahuad, Gutiérrez, pasando por Aristide, Chávez, Lugo y Morales, el factor que los condujo al poder obedecía a la sed de cambio de sociedades asqueadas por la desigualdad, pobreza y marginalidad, sedientas de un nuevo mesías. Ahora bien, el beneficiario de la ira y descontento poseía un atractivo capaz de provocar tanto en los electores como en la estructura social una sensación de ruptura con el orden tradicional.
El referente de Hugo Chávez tiende a despertar pasiones que obstruyen el entendimiento de las causas que le condujeron al éxito electoral y entierro de un esquema partidario construido desde el año 1958 producto de un acuerdo de fuerzas políticas, conocido como Pacto de Punto Fijo. Renunciado a los prejuicios, el hecho de que analicemos y coloquemos en su justo contexto todas las experiencias acumuladas en el continente nos permiten no confundir y menos deformar fenómenos que no guardan relación con el caso dominicano, pero materia prima para hacernos coincidir alrededor de herramientas indispensables de los beneficiarios del hastío que llegaron a la presidencia de forma singular, con dos elementos distintivos: carisma y destrezas en la comunicación.
Aterrizando en el país, los arquitectos que impusieron a Gonzalo Castillo en su partido y andan con la intención de ganar las elecciones, perdieron de vista los cambios experimentados en la sociedad y la resistencia de amplísimos segmentos ciudadanos a dejarse imponer por la fuerza de los recursos públicos y manipulación mediática una candidatura presidencial. Inclusive, presumir la rentabilidad del argumento de “buen gerente” y “hacer mucho y hablar poco” generan una desprotección inmediata que obliga al ojo público a escrutar todas las esquinas de su gestión en el Ministerio de Obras Públicas y andar pescando las fallas en su discurso. El actual candidato del PLD no resiste un escrutinio efectivo de sus 7 años manejando una cartera con tantos recursos, y peor, con sus falencias comunicacionales que constituyen materia de burlas y chistes, dándole a sectores específicos de la nación una cantera de razones para nunca votar por la oferta del partido oficial.
La auténtica ruptura del PLD respecto de su oferta presidencial se profundiza por la lógica histórica de una organización construida bajo la tesis de una superioridad intelectual que, ahora pone en tela de juicio, valores levantados como herramienta fundamental para la buena gestión. El partido que con fiereza y excesos se burlaba de Antonio Guzmán e Hipólito Mejía exhibe una propuesta incomparable con las de dos ex mandatarios porque ambos poseían atractivo personal y hoja de vida que, al momento de recibir el voto popular, eran figuras excepcionales. Con Gonzalo Castillo estamos ante un retrato hablado del carácter y rumbo clientelar que tomó el partido oficial y sombrilla de defensa personal de un timonel en retirada seducido por la idea de pasarle la antorcha al garante de su tranquilidad, desdeñando una lógica de sucesión de aspirantes con largos años al servicio de la causa, pero de “altísima peligrosidad” por temperamentos incontrolables.

Lo que obliga a la reflexión de todo elector sensato se traduce en las piezas necesarias para desempeñar la presidencia. ¿Posee Gonzalo Castillo la estructura de pensamiento, conoce de aspectos básicos como estabilidad macroeconómica, desigualdad, institucionalidad democrática, educación, combate a la delincuencia y relaciones internacionales? No deformen mis requerimientos, ya que no ando estableciendo parámetros académicos ni intelectuales porque no es la tónica de mis alegatos. Reconozco que la lucha por la presidencia no se desarrolla en un aula universitaria. Eso sí, a lo que no hay derecho es al engaño por la fuerza de una inversión en los medios y la compra masiva de hacedores de opinión, decididos a transformar burdas limitaciones en “atractivas” destrezas.

Reflexione con detenimiento: ¿está Gonzalo apto para gobernar?

 

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