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La ciudad y el miedo

Por: Carlos Rojas

La inseguridad crece de manera increíble en nuestras ciudades; este crecimiento lo debemos principalmente a los inconvenientes estructurales del sistema, especialmente la pobreza, la falta de oportunidades, que traen consigo desigualdad, falta de empleo, creando a su vez un monumento forzado que construye el drama social del diario vivir.

Lo anteriormente expuesto es conocido por todos, sin embargo, debemos recordarlo para que así no sea un olvido que nos aleje de la realidad, pues con ello sabemos así cuáles son las causas de este mal que impacta negativamente a los habitantes de nuestros sectores.

Para enfrentar, controlar y disminuir la violencia en nuestras calles, debemos cambiar un poco, olvidarnos de nuestra torticolis gubernamental y hacer un gran llamado para un acuerdo entre las autoridades y la ciudadanía, es impostergable; lo debemos hacer, trabajar un diseño, el cual se pondrá en práctica de manera pública y abierta, es decir, pública-ciudadana; pero ahora con una visión clara y en el sentido inverso desde la población hacia los poderes públicos y que desde las autoridades salga la aplicación al ciudadano; con la integración de las iglesias, las universidades, organizaciones sindicales, juntas de vecinos, etc., queremos con esto producir una política integral y real, en la cual todos nos podamos sentir parte de ella.

Esto así, puesto que el crimen organizado que prolifera y se fortalece en nuestras ciudades por la negación de los derechos para los hijos del sol, tendrá una respuesta desde los mismos sectores que son hasta ahora vulnerables, pero esta respuesta será de una responsabilidad ciudadana, no una respuesta de violencia por violencia.

Un punto esencial de nuestra propuesta es el control migratorio interno, el cual no se aplica en nuestra nación, así estaremos reduciendo también la migración externa ilegal, esto nos garantizará un control y datos específicos que vendrán en beneficio de la colectividad. La inversión en nuestras urbes y zonas rurales, tendrá que ser parte importante de ello para garantizar que los hombres y mujeres del campo tengan las mismas oportunidades o similares con las de las ciudades urbanas, en lo que es la seguridad alimentaria, protección a la productividad, salud, educación y deporte.

El temor a la ciudad, debemos enfrentarlo de esa manera, empleando una integración real del ciudadano, es decir, “ciudadanizar” la política de seguridad ciudadana.

Por otro lado, el temor a la delincuencia debe ser cambiado por el empoderamiento de nuestros ciudadanos y esto vendrá a cambiar de una ciudadanía temerosa hacia la delincuencia, a una ciudadanía que la delincuencia tema y un estado organizado responsable, dándonos participación real.

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