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La cultura política del país

Por: Félix Julián Padilla

Es un reto cambiar la cultura política del país. Sobre todo, cuando la gente se ha acostumbrado a desempeñarse y a desarrollar sus actividades de una manera muy peculiar. La gente crea una zona de confort que le inhibe al cambio. Las prácticas y creencias, le empujan a buscar estar alrededor de los intereses que estén dominando en un momento dado la cosa pública. De ahí la creación y fomento del populismo y el clientelismo político en la sociedad dominicana.

Esto se debe a que es el Estado es el principal proveedor de recursos, de trabajo, y cliente predilecto. También es el principal proveedor de medios para mejora la calidad de vida de la gente, sobre todo de los funcionarios, si lo vemos en sentido práctico. Por eso, las luchas políticas en la Republica Dominicana no cesan; lo más importante es llegar al poder, como partido ganador o como aliado; y lograr para la gente clave alguna recompensa económica.

Hay muchas formas de hacer cosas incorrectas en el Estado. Ya que es el principal cliente de los amigos y cúpulas partidarias aliadas. Le rodean una cantidad de suplidores reales o ficticios y de proyectos incesantes; repartidos siempre entre los favorecidos, allegados, el anillo y los funcionarios. Estos últimos los que más se favorecen, con las decisiones que se toman en las diferentes instituciones públicas; por medio de las compras y contrataciones; Allí está el caldo de cultivo para las sobrevaluaciones y el cohecho. Las contrataciones y los pagos, están en manos de quienes lucen repartirse un botín: El Estado Dominicano.

Así ha estado “la cosa nostra” en el país por más de 50 años. Y el pueblo ha sido cómplice de esto. Aunque solo los allegados a los círculos de poder, se han beneficiado en el tiempo y han “prosperado” en sus negocios. Parecería que alcanzar el éxito económico en el país, tiene una estrecha relación con ser un proveedor predilecto del Estado Dominicano. Es decir, ser bienvenido a los círculos de poder. Así recibir contratos interesantes para todas las partes.

Pero sobre todo para los funcionarios que se enriquecen con este contubernio. Cabe destacar, que como el Estado no tiene dolientes, muchas veces se producen sobre valuaciones para así asegurar los mayores beneficios posibles a los involucrados. Este es el mecanismo obligado que el sistema político ha impuesto al país. Aunque también les dejan a los más pobres, los atracos, el lavado, la prostitución, el micro tráfico, la extorción, el secuestro, el sicariato, la estafa, la falsificación de cheques y de documentos, o lidiar con algún tiburón si decide irse en yola, entre otras variables. Prácticamente forzamos a la gente a probar la política. Intentar ser allegado de un funcionario, y ser parte del sistema.

Sin embargo hay muchos pescadores y el mar esta revuelto. Y con esto solo se refuerza la Cultura Política del País. En nuestra cultura política cada quien lucha por un pedazo del pastel. El país no importa, aunque la retorica diga lo contrario. Lograr un pedazo y no soltarlo es el principal objetivo. Cada quien lucha por un pedazo de pastel. Me refiero a los sectores cómplices de la degradación moral y ética de la republica, incluyendo líderes espirituales. Aquellos que colaboran manipulando conciencias, voluntades sin importarles en el fondo el dolor ajeno. Se ha hecho un daño muy profundo al país.

La gente se acostumbró a la práctica del Sálvese quien pueda! Y a la corrupción en el Estado. Ahora cuando explotan los escándalos, los que estaban en la espera de su turno político, no se suman al debate.

Es obvio que existe una doble moral. Otro grupo comienza a manifestar que está cansada del abuso, del manejo y del fraude de los políticos, todos falsos líderes de todos los partidos políticos. Entonces se produce un choque cultural violento; porque la cultura que se tiene, es muy propicia a mantener el estado de cosas, a mantener el status quo.

En los procesos de cambio siempre hay círculos que refuerzan la forma como se hacen las cosas. Además de la gente, los mismos sistemas se refuerzan y se resisten contra el cambio. Para poder hacer un cambio verdadero en una cultura, se necesitan vincular y lograr que interactúen de forma optima muchos elementos, entre los cuales están: una idea nueva, clara, objetiva, motivadora, donde la gente pueda empoderarse. Y por otro lado, el ejemplo de “líderes creíbles”, que puedan ser respetados, y que estos propugnen por el cambio.

De esta manera la gente podría percibir que la cosa va en serio. Y que realmente se quieren hacer cambios para beneficio de la sociedad y que no será más de lo mismo. Pero este tipo de enfoque, este cambio cultural, muchas veces, se pierde y se queda en la utopía; porque lo que prima realmente, es el interés político y el interés económico. No importa el país. En adición, hay tanta falsedad, tantas traiciones, tantos roedores detrás del provecho personal, que restablecer la confianza y saber en quien creer, resulta algo cada vez más difícil.

Pero soñar no cuesta nada verdad! Recientemente los comentaristas han retomado sus opiniones sobre la manera como se ha manejado el ministerio público, la judicatura nacional, con todo este proceso, de lo que ha sido el caso Odebrecht. El manejo con los imputados iniciales, las medidas de coerción iniciales, las variaciones a las medidas de coerción. Al final como si nada hubiera pasado. Primero Ortega lucia como un héroe, Luego Germán como la Salvadora y al final Ortega no se sabe como quedó. Pero salen todos del escenario político activo aparente y de los medios de comunicación. Todo parecería sumarse para perpetuar el círculo que refuerza la corrupción y la impunidad. Y se cierran aun más las oportunidades de tener un mejor país.

Nuestra cultura política podría calificarse como la cultura del dolo, la complicidad, la impunidad, del borrón y cuenta nueva y del sálvese quien pueda. Lo que importa es llegar al poder y permanecer en él, haciendo lo que haya que hacer para ello; Este paradigma domina el escenario político nacional. La oposición no muestra fortaleza ni unidad; los movimientos que más han llamado la atención, tampoco se deciden a formar parte, y organizarse políticamente; para optar por el poder en el próximo proceso electoral del 2020. Todo parece un juego. La gente va a una marcha, protesta, se desahoga.

Entonces es el tema verde, una válvula de escape. Un preservativo para seguir violando la genética del pueblo. En un país tan politizado como el nuestro, las luchas políticas se dan en el terreno político y el terreno político por excelencia es el ejercicio electoral. Una lucha lógica seria: lograr que exista una ley de referéndum, con la modificación previa a artículo XX de la constitución, para que no se limite el poder soberano del pueblo. Una modificación a la ley electoral y promulgar la famosa ley de partidos. Pero que se incluya sobre todo, las candidaturas independientes.

Para no violentar el respeto al derecho a elegir y ser elegido que le consagra la constitución de la republica a cada ciudadano dominicano. Con partidos fracasados, ¿por qué supeditar el derecho a ser elegido a pertenecer a un partido? De esta forma el pueblo recupera su poder total. Y el ciudadano también. Mientras tanto, los partidos mantienen secuestrados estos derechos fundamentales en nuestra “democracia”. Pero todo esto raya nueva vez en la utopía.

En este hipotético escenario, los partidos políticos dejarían de ser rémolas del presupuesto nacional y se mitigaría bastante la cogioca. Entonces, cabe esperar, es que las cosas continúen como van; que se puedan tener algunos parchos en algunos momentos, que se tengan algunos chivos expiatorios para los casos predilectos. Lamentablemente las expectativas, la visión, lo que se puede mirar, no es muy esperanzador para el país.

Lograr cambiar nuestro país, tiene un primer reto: cambiar los paradigmas y los líderes de nuestra cultura política, y hacer que el pueblo y sus ciudadanos sean realmente soberanos; Solo el pueblo puede realizar todos los cambios pertinentes, volviendo a ser los partidos políticos un medio no un fin. Y retirándole a los mismos el poder que en este momento tienen. Pero estos cambios no los pueden hacer los mismos que han “destruido la nación”. Los que la han empobrecido moral, ética, espiritual y materialmente. La nación no puede estar en manos de sus verdugos.

Los partidos políticos han fracasado. Los líderes políticos del bien por lo visto, no existen ni existieron. Póngale usted el apellido que quiera. Los partidos políticos, SRL ya han caducado y el pueblo lo sabe. El pueblo soberano tiene que asumir el deber de rescatar a la nación de sus verdugos. Entonces Relanzar una Nueva Republica Dominicana.

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