Opinión

La superficie ética de dos demandantes: Luis Abinader y Leonel Fernández

Mentir es una de las características fundamentales de un político sin ética.


Por LUIS R. SANTOS 

La ética es una doctrina o ciencia que estudia la moral y señala el camino correcto por el que deben transitar los individuos, tanto de forma personal como colectiva. Es una práctica social de gran relevancia en todas las actividades humanas. Sin ética lo humano pierde esencia y sentido.

En política la ética es un de extrema relevancia para un líder y para la sociedad en la que este gravita. Y en las próximas elecciones, según las mediciones, el presidente Abinader tendrá como principal contendor al tres veces expresidente de la República, Leonel Fernández. Aunque el presidente Abinader le lleva una ventaja de más de veinticinco puntos, debemos recordar al electorado quién es el señor del pasado que quiere volver al poder.

Si analizamos el comportamiento ético en los gobiernos de Leonel Fernández nos encontraremos con toda una conducta antiética de las principales figuras que le acompañaron en la gestión gubernamental, y cuando los funcionarios actúan de manera inapropiada, el presidente es responsable. Las tramas para enriquecerse, las trampas en torno a la justicia, entre otros tantos casos, nos muestran a un candidato desprovisto del aval moral para presentarse de nuevo ante una sociedad que ha venido luchando contra la corrupción y el deterioro institucional.

El candidato de la oposición es muy hábil en materia discursiva; como todo demagogo, trata de sacar provecho a las circunstancias adversas que ha tenido que enfrentar el actual mandatario, ofreciendo, por ejemplo, comida barata, cuando él sabe que los precios de los productos de consumo masivo no los fija el gobierno, sino el mercado, que se ve impactado por factores internos y exógenos. Mentir es una de las características fundamentales de un político sin ética.

Contrario al señor del pasado, el presidente Abinader recalca cotidianamente, en el gobierno que dirige, que la ética debe ser la norma; por eso han tenido que renunciar del gobierno algunos funcionarios que se han envuelto en acciones reñidas con la ética y las leyes. En los gobiernos de Leonel Fernández eso no acontecía, había libertad para obrar libremente, porque a un líder sin ética, como Leonel Fernández, no le preocupa lo que acontezca en su gobierno; el líder sin ética solo está pendiente de sacar ventajas políticas, personales y grupales del ejercicio del poder.

Si echamos vistazo al entorno leonelista durante sus mandatos nos encontraremos con figuras tristemente célebres por su conducta antiética, corrupta y criminal. De ese amplio grupo podemos destacar a Víctor Díaz Rúa, Félix Bautista y Diandino Peña, que convirtieron al Estado en una piñata a la que desfalcaban con la anuencia de un líder antiético como Leonel Fernández, que sabía, que estaba al tanto del latrocinio de sus recaudadores. Porque un líder sin ética permite la corrupción para acumular capital para mantenerse en la lucha del poder por el poder.

Una marcada diferencia ética se percibe entre el presidente Abinader y Leonel Fernández es en el caso de la justicia.

Recordemos que Leonel Fernández conformó una Suprema Corte de Justicia a su imagen y semejanza; nombró sus adeptos, todos miembros de clan político, en los puestos claves del alto tribunal para garantizarse y garantizarles impunidad a su grupo, que estaba depredando el erario de la forma más desvergonzada, y él lo sabía, acumulando asquerosos caudales económicos; esto aconteció cuando dominaba a su antojo al Consejo Nacional de la Magistratura. Recordemos lo que pasó en la sala Penal de la Suprema con Félix Bautista.

Contrario a Leonel Fernández, desde que asumió la presidencia de la República, Luis Abinader, un líder con la ética suficiente para dar ejemplo, ha estado pendiente del comportamiento de sus funcionarios; designó un Ministerio Público independiente, el cual ha logrado, por primera vez en nuestra historia republicana,  llevar a las justicia a una pléyade maldita, que ha saqueado a este país y han privado a muchos pobres de agua potable, mejor infraestructura vial y hospitalaria, que les robaron a los jóvenes sus posibilidades de acceder a una mejor educación y a un empleo digno.

La ética que caracteriza al presidente Abinader es lo que le ha permitido mantenerse siendo estimado por la población que, contrario a lo que cree Leonel Fernández, sabe distinguir a un político comprometido con los mejores intereses de un país con otro que no tiene nada nuevo que ofrecer y solo busca el poder por ambición y mesianismo.

Y en las elecciones del próximo año los dominicanos tendremos dos opciones para elegir presidente: a un político sin principios y a otro con valores morales y éticos. Y como no somos tarados, como cree el precursor de la generación canalla, Leonel Fernández, de seguro elegiremos, en primera vuelta, al presidente Abinader, para que siga ahondando, perfilando las políticas públicas que de una vez y por siempre conviertan a nuestro país en una sociedad decente, y dejemos atrás, definitivamente, el estercolero en que convirtieron al Estado, y podamos superar la profunda crisis moral en la que Leonel Fernández y sus compañeros sumergieron a nuestro país.


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