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La verdad no se silencia

Por: Valentín Medrano Wendy

Aún no termino de asimilar la lastimera noticia. Parece una pesadilla de la que se pretende despertar y comprobar que se trató de un sueño indeseado, tan indeseado como la triste verdad.

Nuestro compañero de estudios y amigo Yuniol Ramírez ocupó un lugar en la esquela periodística y en las estadísticas más vergonzantes de nuestro acontecer ciudadano.

Hoy es un muerto más de la guerra que se libra a diario en nuestras calles, en nuestras casas, en nuestras aulas y en cada rincón del territorio donde cualquiera es la víctima y los victimarios representan la mano armada y diabólica de la violencia. El buen Yuniol Ramírez, de trato cortés y afable ha sido silenciado para siempre. Se redujo a recuerdos y conforma un número que significa muerte, violencia, asesinato, sinrazón, intolerancia, odio, salvajismo, oprobio y vergüenza. Vergüenza que debemos todos sentir y repulsa que debemos todos elevar.

Es un número y un bello recuerdo de hidalguía y entereza, número que aspiramos no sea una intentona de acallar las voces disidentes que fustigan actos indecorosos en la actividad pública y privada. Ojala y ante la realidad insubsanable resulte en estadística de cualquier cosa menos de afectación a la libre expresión del pensamiento, pues eso, amén del salvaje acto deleznable, sería una mecha incendiaria que obligaría a las grandes mayorías víctimas de todo a urgir en decisiones sanatorias.

Ahora el reto es aclarar de forma transparente este hecho bochornoso y reducir a sus actores al imperio de la justicia sin populismo ni ocultamientos. (Valentín Medrano Peña).

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