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Leonel Fernández es el único líder del PLD

Por: Marcos José Núñez

Desde la fundación del Partido de la Liberación Dominicana (PLD), un 15 de diciembre de 1973, hasta junio de 1994, el único líder que tuvo esa organización lo fue el profesor Juan Bosch, fundador e ideólogo de ese partido.

Acostumbrado este pueblo a seguir caudillos, mas no a organizaciones, Bosch decidió continuar con la tradición caudillesca y de liderazgo unipersonal para impulsar su nuevo proyecto político diferente que desde un principio quiso oponer como contrario absoluto de su antigua organización, el Partido Revolucionario Dominicano (PRD), institución de la que había renunciado, por diferencias de orden político e ideológico con algunos de sus miembros.

Es así como después de seis procesos electorales de crecimiento sostenido del PLD, el desgaste biológico de un titán con 85 años a cuestas, lleva a Bosch al retiro, dejando en manos de una nueva generación de dirigentes, la conducción de una organización partidaria modélica en el mundo.

Sin embargo, esas nuevas generaciones de dirigentes, no eran aquellos que habían sido los primeros miembros de los comités político y central, sino una línea de jóvenes dirigentes estudiantiles uasdianos y perredeistas, quiénes luego de la fundación del PLD, comenzaron a ascender paulatinamente a puestos de dirección y a sustituir a la vieja guardia boschista, de los llamados “fundadores”.

De esos jóvenes dirigentes los que más se destacaron fueron Felucho Jiménez, Temístocles Montas, Danilo Medina y Leonel Fernández.

Los tres primeros se desarrollaron en las áreas técnicas y organizativa del PLD y el ultimo estuvo muy vinculado a las relaciones internacionales y el área de la comunicación.

De los cuatro, Danilo Medina era el que se vislumbraba como sucesor natural del liderazgo de Bosch por ser el dirigente más pragmático (como era el profesor) y también a su vez, el dirigente que más había trabajado por la expansión y crecimiento orgánico de ese partido en todo el país, resucitando con ello, la alicaída carrera política del líder.

Felucho Jiménez había sido el jefe de campaña del PLD durante tres elecciones y Temístocles Montás había sido el coordinador de los programas de gobierno del PLD. Felucho bajó un poco su perfil y dejó el control operativo de ese partido, en manos de Danilo Medina desde 1990, en adelante.

Pero ninguno de los anteriores poseía el ángel y la capacidad de persuadir que tenía Leonel Fernández.

Juan Bosch llegó a expresar a varias personas, el gran respeto y admiración que sentía hacia él.

Por ello, Leonel fue víctima también de la mediocridad, la envidia y la malicia de algunos de sus compañeros.

Hay quienes dicen que uno de los miembros del cuarteto que después fue una troika (Danilo, Temístocles y Leonel), fue el responsable de quitarle dos veces al joven Leonel Fernández, en 1986 y 1990 respectivamente, su nominación ganada como candidato a diputado, aprobada por el comité central de su partido.

Es por ello que, a la hora de escoger el candidato presidencial del PLD para las elecciones de 1996, Leonel Fernández era sin dudas el favorito para vencer, ya que ninguno de sus contrincantes (Euclides Gutiérrez, Norge Botello) era un producto mercadeable a la sociedad, por carecer de las cualidades que le sobraban al joven líder del PLD.

Vencer a un coloso de la política nacional e internacional, como lo era el Dr. Peña Gómez, un líder con el arrastre popular y experiencia de Estado, colocó el nombre de Leonel Fernández, en las páginas de la historia para siempre.

Su primer periodo de gobierno, fruto de la coyuntura política favorable y del trabajo en equipo de un colectivo dirigido por Danilo Medina, quiénes asumieron el control del gobierno, teniendo al ya presidente Fernández como su vocero y rostro visible, resultó ser un ejercicio gubernamental medianamente exitoso pese a las contundentes derrotas en las urnas, en las elecciones de medio término de 1998 y las presidenciales del año 2000.

Pero por cada derrota que recibía el partido, la figura de Leonel Fernández ascendía en el gusto y la aceptación del electorado nacional.

Y es que el presidente Fernández, a pesar de haber llegado al más alto cargo del país, nunca perdió su solidaridad, su humildad, su humanidad.

Cuento como anécdota que, a finales de 1997, una noche del mes de noviembre de ese año, hubo un gran revuelo en el sector donde yo vivía en aquel momento.

De repente, todos miramos hacia un caserío ubicado en una calle contigua a la avenida Tiradentes, lugar adonde había llegado una larga hilera de guaguas y jeepetas con toda la parafernalia que precedía la llegada de algún dignatario o personalidad importante.

Era el presidente Fernández. Había ido a ver a un viejo amigo y mecánico de confianza de nombre “Pachule” quien estaba aquejado de una enfermedad terminal y estaba postrado sin poder trabajar para sobrevivir. El Pte. Fernández se había enterado tardíamente de la situación y acudió a tratar de suplir la necesidad de un hombre que muchas veces lo había sacado del apuro. Según me contaron, el presidente ordenó llevarlo a tratamiento médico especializado, con gastos a cargo de la presidencia de la república y le entregó cien mil pesos a su amigo “Pachule”, para palear algunos gastos temporales.

Pero lo que nunca pensé es que el mismo hombre que tuvo ese noble gesto humanitario ante el sufrimiento de un amigo, gobernaría el país dos veces más, con resultados deplorables, lamentables y deprimentes frente a millones de dominicanos.

Ninguna de sus dos gestiones de gobierno posteriores, fue mejor que su primer periodo de gobierno. La corrupción, el despilfarro, el descaro y la avaricia, fueron los cuatro jinetes del apocalipsis que cabalgaron como guardia imperial a lo largo y ancho del país, mientras el Pte. Fernández se hacía de la vista gorda.

No obstante lo anterior, se consolidó como el líder político que es hoy, ganando dos elecciones presidenciales consecutivas con los porcentajes más altos en la historia política dominicana y gracias a su figura, el PLD creció como partido hasta convertirse en una maquinaria política exitosa.

El PLD que ayudó a levantar el hoy presidente Medina, era un partido que oscilaba entre los 18 mil a 33 mil miembros; con el presidente Fernández, el PLD se constituyó en la principal fuerza electoral del país, contando con más de dos millones de miembros a lo largo y ancho de la geografía nacional.

Juan Bosch y Danilo, Temístocles y Felucho, sentaron las bases, los fundamentos del PLD, pero sin el liderazgo de Leonel Fernández, nunca hubiesen llegado al poder, ni hubiesen sido tan exitosos y triunfadores, al punto de haber convertido la democracia dominicana en un sistema moderado de partido único hegemónico como nunca antes en la historia del país.

Ahora, fruto de las tensiones surgidas de la lucha por la hegemonía en el PLD, el presidente Medina lucha contra el ex presidente Fernández no sólo para obliterarlo políticamente y evitar que vuelva a ser presidente de la república por cuarta vez, sino que desea arrebatarle el liderazgo y la presidencia de esa organización política, para asegurar la supervivencia del actual equipo de gobierno y por rencores acumulados por Medina, quien nunca le ha perdonado a Fernández haber volado como águila y mucho más alto que aquel.

Leonel Fernández sabe todo esto pero, continua adelante porque hasta el último día de su vida, seguirá siendo el líder político que una parte del pueblo dominicano decidió (entre los que no estoy yo) como su referente, líder y guía.

Leonel ya está por encima de la presidencia de la república y si todavía sigue activo es porque él está consciente que representa -pese a todos los errores cometidos y la frustración que generó en sectores esperanzados en una praxis política diferente-, un legado de una generación para las próximas generaciones. Así como Bosch en 1973 sabía que el PLD, seria la culminación gloriosa de su carrera política, como legado para la posteridad, así mismo, Leonel Fernández está en el ruedo no sólo para enfrentar a Danilo y otros posibles opositores, sino porque siempre piensa en el futuro y tiene un gran sentido de la historia.

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