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Los jinetes de la ingratitud

Por: Guido Gómez Mazara

Mal creen los que piensan que la arena pública es el territorio exclusivo de las maldades, deslealtad y traición. Tales aberraciones andan en todos los escenarios, y aunque la política parece ser espacio fértil para las ingratitudes, es en el seno del hogar, los valores y la educación primaria, donde se puede identificar el punto de partida para entender el desquite como arma esencial de la condición humana y las aberraciones que conducen a las posturas despreciables. Desafortunadamente, el ingrato no tiene sentido del límite y en la consecución de sus metas desborda todas las reglas sin entender que los parámetros fundamentales, cuando no se respetan, terminan edificando las bases que aniquilan a los practicantes de las barbaridades.

En mundos distantes, Judas vendió a Jesús por 30 monedas de plata, Brutus apuñaló a Julio César, Bob Ford abusó de la confianza de Jesse James para darle un tiro por la espalda, Paul Castellano sintió la bala artera en 16 de diciembre de 1985 en las calles de New York por sus socios de la mafia italiana, Sammy Gravano acusó ante un jurado a su protector histórico John Gotti de varios crímenes cometidos por ambos para salvar su pellejo. En el infierno de la política, Heinrich Himmler era el colaborador predilecto de Hitler y en el tramo final del líder alemán optó por utilizar la Cruz Roja como vía de contacto con el Presidente de los Estados Unidos, ofreciéndole a cambio colaborar con un futuro Gobierno en su país, en el marco de la independencia estadounidense, Benedict Arnold al no ser distinguido por sus compañeros de armas vendió por 20 mil libras a Inglaterra la entrega militar de West Point, López de Santa Ana gobernó México en 11 oportunidades y sus destrezas militares dejaron perplejos a los que no entendían que casi derrotado Taylor se retiró sin dar razones, y cuentan que su postura se relacionaba con la promesa de pagar 15 millones de dólares por “perder” los Estados de California, Nevada, Colorado y Utah.

Aquí la rectitud y coherencia, casi siempre, terminan derrotadas por la fuerza de un decreto y el acceso a la nómina pública como mecanismo por excelencia hacia una movilidad social que delata los cambios “inexplicables”. Creen que el resto no percibe fácilmente la metamorfosis capaz de degradarlos ante el ojo ciudadano que se indigna por las transformaciones construidas por la fuerza del dinero. En la radio, televisión, en el ejercicio jurídico y un altísimo espectro de la militancia partidaria existen exponentes con vocación rastrera para desdecirse y patear alegatos de manera olímpica.

Afortunadamente todo no está perdido. El gesto de Américo Lugo de poner distancias del dictador que presumió la contratación puramente intelectual y académica como sinónimo de capitulación de sus principios, encontró en la frase de que “en mi miseria mando yo” la prueba inequívoca de decoro. A Lupo Hernández Rueda se le designó en el Ministerio de Trabajo sin consultársele durante la gestión de Joaquín Balaguer y la no aceptación representó un gesto de hidalguía extraño en el mundillo de la genuflexión y servilismo frente al poder. Hugo Tolentino Dipp envió una carta ejemplar siendo ministro de Relaciones Exteriores cuando la administración 2000-2004 decidió enviar tropas a Irak. No se estila por nuestros lares, pero la señal de Guillermo Botero de dejar el Ministerio de Defensa en Colombia por la muerte de menores en una operación de disidentes de las FARC, un Alex Acosta dejando el Ministerio de Trabajo por su actuación cuando era fiscal federal en el caso de Jeffrey Epstein y la salida del Ministerio de Interior en Perú de Mauro Medina ante la fuga del exjuez César Hinostroza, revelan el sentido de responsabilidad de un auténtico servidor público y las normas elementales de respeto a la ciudadanía.

Los dominicanos tenemos una galería de jinetes de la ingratitud que perdieron el sentido de la cordura y levantan sus partes privadas sin ningún tipo de pudor porque procurando la gracia económica perdieron el decoro. Ahora que la refriega tocó las puertas del oficialismo nos damos cuenta del desenfreno contra el distribuidor de gracias y ascensos financieros que violentaron toda la jurisprudencia del robo y asalto a las arcas públicas, superando la referencia de acumulación decente y estructurada por el trabajo digno.
Están a la vista de todos, sus gustos exquisitos y estilos de vida constituyen la verdadera razón de su salida del poder. ¡Por eso, se van!

 

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