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Marcha Verde: vivita y coleando

Por: Melvin Mañón

Tras la demostración del domingo quedan desautorizados aquellos comentarios, análisis, y conclusiones que habían dado la Marcha Verde por muerta o agonizante. Superado el reto, desafiando la lluvia, pude ser testigo del entusiasmo y del enojo de un pueblo, los había pobres y opulentos, blancos y prietos, de derecha y de izquierdas. Pero ahora es cuando viene lo bueno.

He dicho, reiteradamente, que la Marcha Verde es un sentimiento. Mas de uno se ha y me ha preguntado: ¿crees que ahora Danilo Medina nos hará caso? Lo repito de nuevo: no nos hará ni puto caso, pero no hay que preocuparse por ello. La misión de la Marcha Verde, más allá de lo que algunos activistas hayan soñado o pretendido era y es el de encender la llama del accionar ciudadano, promover el despertar, fomentar una nueva conciencia y forjar una nueva cultura que, negando el desorden, el abuso y el latrocinio peledeista se constituya en el primer paso en el largo camino para alcanzar un país mejor. Por lo tanto, reitero, el valor y el papel de la marcha verde no depende de la acogida del gobierno, sino de la respuesta del pueblo; es este último y no el primero el que le otorga legitimidad y razón de ser.

¿Para que marchar si no nos hacen caso? Se preguntaron muchos. No marchamos para que nos hagan caso en el gobierno sino para hacer conciencia porque –no nos equivoquemos- ¿de que serviría deshacernos de Medina si quienes lo sustituyan abrazan la misma conducta? aunque –reconozco- es difícil igualar la desfachatez de Danilo Medina. Pero el punto sigue siendo que, las marchas son un campo de entrenamiento, una forja, un taller, una escuela donde una sociedad que se había olvidado de sus derechos y también de sus deberes se rencuentra con su propia historia hasta descubrir que esta “libertad” y “derechos” cuyo respeto hoy reclamamos fueron antes el producto de la sangre, el sudor y las lágrimas de otras generaciones.

También ha quedado demostrado que la presencia de facciones, tendencias y contradicciones al interior de Marcha Verde, siendo un sub-producto inevitable de su propio éxito no decretaban necesariamente su muerte sino que obligaban a conciliar diferencias y que esa conciliación era posible debido a la singularidad del propósito que la animaba y a la intensidad del mismo, de tal manera que, Marcha Verde, queda ratificada como sentimiento a cuyo interior pueden y coexistirán numerosas y disímiles fuerzas e intereses.

Dentro de algún tiempo, Marcha Verde se habrá convertido en el regenerador del ejercicio político en este país y muchos de sus cuadros y activistas pasarán gradualmente a militar en partidos existentes o a fundar otros nuevos y antes de una década, lo que debe ocurrir es que, tras la baja por obsolescencia de los llamados “líderes” de hoy día, el país ofrezca la posibilidad de una generación nueva de dirigentes forjados al calor de estas marchas y abrazando los valores que esta enarbola frente al estropicio, la degradación y la bancarrota moral de quienes hoy, desde el gobierno, nos avergüenzan, porque, hágase usted la pregunta: ¿ de dónde vamos a sacar miles de funcionarios respetuosos de la ley, responsables y honestos con los cuales armar un gobierno? ¿de los partidos existentes? ¿de los medios de comunicación vendidos? ¿De los intelectuales sobornados? ¿De las escuelas de negocio? ¿De Harvard? No amigos, de la Marcha Verde y si no es así será el caos, la debacle, Mad Max. El que quiera patria que se apunte a la Marcha Verde, que se vaya del país o que se resigne a sobrevivir en la jungla en que se ha convertido este que antes fue un hermoso país.

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