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¿Por qué mienten los políticos?

  Por : Luis Eduardo Montero

“La mentira política no se improvisa. Se calcula, se cultiva, se destila y se sopesa. Tiene sus reglas. Es un arte sabio, útil y bello”. Así lo expresa, desde la sátira, el escritor irlandés Jonathan Swift en su obra “El Arte de la Mentira Política”, escrita en 1712.

Está demostrado que mentir en política no es para ingenuos, es una acción propia de individuos con capacidad de orquestar un organizado algoritmo de propuesta política basado en absoluta retórica. La mentira política como bien indica Jonathan Swift, es el producto final de una sigilosa planeaciónsistemática y estratégica.

Esa estrategia ligada a la vorágine del marketing político permite la consecución de una posición políticamente determinante en la sociedad.

Cabe señalar, que la mentira política no es una prácticapropia de este siglo XXI, es una práctica que ha venido acompañando al sector políticodesde hace un tiempecito y que pordemás ha venido caracterizando a casi todos los actores del escenariopolítico.

Pero, desde nuestro humilde punto de pista, creo que la descabellada idea de  mentir en política, se ha convertido en una lamentable cultura porque su practicidad le ha dado exitosos resultados a sus practicantes. Es decir, a lo largo del tiempo, el empleo de  la mentira como elemento de campaña electoral ha permitido que las propuestas de los candidatos luzcan más atractivas, humanas, cercanas, nacionalistas  y dotadas de un fúlgido populismo que nos impulsa a experimentar un taxativo cambio de conciencia y percepción de la realidad sociopolítica que nos rodea. No obstante, al caer en las redes de la mercadotecnia política, nos auto conducimosinexplicablemente a un paredón de injusticias y desigualdades sociales que menoscaba más y más nuestra dignidad como sociedad, sin excluir la inminente corrupción que surge de manera natural y que también nos carcome paulatinamente.

El político miente porque la verdad de sus mentiras puede convencer y captar a ingenuos y demás ambivalentes e imberbes que anden por ahí.

Cuando un candidato o político en el poder nos dice que resuelve el problema eléctrico  con la construcción de una potente planta de generación energética, en realidad nos dice una verdad, pero es una verdad  plagada de retórica; en otros términos, las  expresiones emitidas por el sujeto en cuestión, son verdades de opinión pero no de hechos.

Por ejemplo, la destacada filósofaalemana Hannah Arendt (1906-1975) dice que en política hay dos tipos de verdades: las de hecho y las de opinión. Las primeras son invariables; las segundas están sujetas a cambios. Decir por ejemplo, “Stalin fue un gran gobernante”, es una verdad de opinión. Decir en cambio: “Stalin asesinó a millones de ciudadanos soviéticos”, es una verdad de hecho. Entonces, decir que el presidente pudiera resolver el problema eléctrico con la construcción de una potente planta, es una verdad de opinión, pero, no de hechos; seria de hechos si sus palabras se corresponden fielmente con sus acciones, algo que hasta ahora cae en la penosa categoría de utopía.

Las mentiras políticas son la sombra bajo la cual nos quieren cubrir los políticos tradicionales, tratando así, de imitar la particular característica que tiene el framboyán, el cual utiliza su sombra densa y amplia para impedir el crecimiento de otras especies vegetales alrededor de él; es lo que precisamente quieren hacer con este pueblo.

Creo que la nación dominicana no puede permanecer en la caverna que nos han diseñado estos profesionales y expertos de la mentira política.

Recuerden aquellos hombres quePlatón cita en su famosa obra La República, los cuales permanecieron encadenados a las profundidades de una caverna desde su nacimiento, sin haber podido salir de ella nunca y, de hecho, sin la capacidad de poder mirar hacia atrás para entender cuál es el origen de esas cadenas.

Esos hombres de los que habla Platón, permanecían siempre mirando a una de las paredes de la caverna, con las cadenas aferrándolos desde atrás. Y Detrás de ellos, a una cierta distancia y colocada algo por encima de sus cabezas, había  una hoguera que ilumina un poco la zona, y entre ella y los encadenados hay un muro, que Platón equipara a las artimañas que realizan los tramposos y los embaucadores para que no se noten sus trucos. De eso viven  precisamente los mentirosos de la política, de trucos y más trucos.

 

 

 

 

 

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