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¿Quién es el verdadero corrupto?

Por: Cristian Hidalgo

La Real Academia Española de la Lengua, define la “seriedad” como una cualidad de “serio”. “Grave, sentado y compuesto en las acciones y en el modo de proceder”; “dicho de una acción propia de una persona seria”; “verdadero y sincero, sin engaño o burla, doblez o disimulo”.

El concepto es claro, el mismo que usted y yo tenemos definido en nuestras mentes. Sin embargo, hay personas que somos “serios”, presumimos de ello, lo pregonamos a los cuatro vientos; pero solo hasta que nos convenga, hasta que mantener esa “impoluta seriedad” no lacere nuestros intereses personales; es mas fácil recurrir al dicho: “para que me joda yo, que se joda mi palabra”.

Parecería que en este país los únicos que honran su palabra son los galleros y los narcotraficantes; los primeros porque faltar a ella sería dejar su afición para toda la vida; y los segundos porque sería dejar su vida con todas las aficiones. Yo no me imagino dos “empresarios” del narco en una notaría firmando un documento en donde uno se compromete a entregar tantos quilos de su producto, y el otro a erogar tal cantidad de dinero por ese concepto.

La seriedad no debe ser una pose, sino una cualidad inherente a la personalidad del ser humano. Es lo que debemos inculcar en el proceso de formación (enseñanza-aprendizaje) de nuestros hijos: honradez, sinceridad, lealtad, gratitud, puntualidad, respeto, decoro, decencia, amor por el trabajo. No se trata de matarnos haciendo fortuna sobre el bien y el mal para dejarles un “futuro asegurado” que podrá tener de todo menos estar seguro.

Por la ausencia de esos valores es que  convivimos con ciudadanos hipócritas, simuladores, con doble moral; que mientras se mofan de ser acreedores de una seriedad que solo existe en su mente; que criticando las malas acciones de los demás; a la primera oportunidad de administrar bienes ajenos, sacan su “yo verdadero”; roban sin piedad, saquean las instituciones, engañan a sus semejantes, trafican y contrabandean de todo; porque su único objetivo es acumular fortuna económica.

Practicamos la doble moral cuando acabamos con los funcionarios corruptos, destructores del erario; pero si nos los encontramos en nuestra ruta, les pedimos la ayuda económica, el empleo para nuestros hijos, les tributamos aplausos y rendimos pleitesía; se nos olvida que esos malhechores son nuestros enemigos, los culpables de nuestro sub-desarrollo como pueblo, de la pobreza mental existente, de la inseguridad; son fabricantes de la necesidad colectiva.

Se hace necesario que los padres de familia que se respetan y aun guardan cierta dignidad, decencia, decoro y otros valores; se sienten con sus hijos, que les aclaren la diferencia entre seriedad y corrupción; porque sin que lo expresen algunas veces tienen forjada en su mente la interrogante: ¿Por qué si papi y fulano son de la misma generación, en aquella casa sobra de todo, mientras en la nuestra no hay de nada o solo tenemos lo necesario? Dígale a sus hijos: “es porque hemos elegido formarlos a ustedes con la riqueza bien habida que llevan dentro de sus cabezas, la cual es inagotable, en vez de una fortuna material mal habida, cuyo costo es la sangre o la pobreza de los demás”.

Los corruptos los encontramos en la política, en la administración de la cosa pública. También los hay en todas las áreas del saber, en todos los hogares; nadie es corrupto absoluto como tampoco serio total; existe en cada persona seria rasgos de corrupción; y de seriedad en cada persona corrupta. Todo dependerá del ángel o demonio que se desee alimentar; sea cual sea, recuerde que rico no es quien todo lo tiene, sino quien tiene todo lo que necesita para vivir.

A los que han optado por alimentar el demonio de la corrupción, deben saber que  aunque hoy parezcan reyes, llegará el día no muy tardado que el pueblo despertará, creará conciencia y los verá como las escorias, ratas inmundas, facinerosos, delincuentes, saqueadores, traficantes y bandidos que son.

Cuando lleguen a lugares decentes, los presentes que sean diferentes se pararán y les dejarán solos; recorrerán las calles mirando la punta de sus calzados porque no soportarán que los miren por encima del hombro; no serán admitidos en ninguna organización social cuyos miembros se respeten. Entonces así y solo así se darán cuenta que son tan pobres que lo único que atesoran en su vida es dinero.

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