Opinión

Razón para razonar

El impacto del transporte escolar en la educación


Por: Aníbal de Castro.

Un descubrimiento importante de los tiempos modernos, cito a un historiador ilustre, es que la razón representa un escaso papel en nuestros asuntos. No conmueve ni siquiera a los científicos. Entendible, pues, que rebote ante la coraza impenetrable de los políticos, sobre todo si militan en la oposición.

Razón como recado, mensaje, aviso, me llegó en el discurso presidencial de rendición de cuentas. No en las cifras abrumadoras de inversión, déficits en remisión, turistas, infraestructura y la verja fronteriza, sino por vía del transporte escolar.

Ver autobuses relucientes de nuevo y pintados de amarillo estridente desplazarse por barrios pobres con su carga de niños, adolescentes y esperanzas, despierta optimismo y aviva la razón. La que tiene que ver con el discernimiento y obliga a reconocer que hablamos de un hito, de un esfuerzo genuino por facilitar el acceso a la educación a chicos pobres: todos ellos menores de edad y sujetos de una menor atención en una sociedad marcada por inequidades apabullantes.

El TRAE libra a millares de estudiantes de caminatas sudorientas, del peligro del motoconcho, de la indignidad de guaguas y carros maltrechos, verdaderas ruinas movientes que nos alejan del desarrollo a toda velocidad. Y, paradójicamente, nos acercan a la incivilidad a velocidad de vértigo. Son 425 autobuses entre estatales y arrendados que operan en el Gran Santo Domingo, Hato Mayor, San Cristóbal y Monte Plata. El propósito oficial es extender esa facilidad, que no privilegio, a la geografía nacional más poblada.

Quienes en sus años mozos debieron caminar largos trechos, urbanos o rurales, para llegar al aula, encontrarán una razón de peso para aplaudir. Esas pocas razones, en la acepción de palabras o frases con que se expresa el discurso, merecen aplausos. No perremeístas u oficialistas, sino dominicanos.


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