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Testigos de la Villanía

Por: Daygorod Fabián Sánchez

Proceso electoral plagado de ilegitimidad o no, la Junta Central Electoral (JCE) está en la obligación de revestir de pulcritud el engranaje del ejercicio al sufragio.

La traducción visual que se les otorga a los miembros de la JCE es que actúan por encargo de intereses malsanos, que no les interesa la paz y el sosiego de los dominicanos y dominicanas.

Resistirse a una auscultación por parte de organismos internacionales es una clara evidencia de que algo se oculta.

Movilizarse en el terreno del padrinazgo del poder, genera inquinas en la ciudadanía, producto de que a pesar del subdesarrollo en el que vivimos, la gente ha aprendido a interpretar manifestaciones de entes que se supone deben ser independientes.

Las conexiones de familiares, de miembros de la JCE, con salarios que irritan al pobre trabajador dominicano llevan al colectivo ciudadano a pensar que no hay independencia para enfrentar el poder de turno.

La genuflexión ante arbitrariedades para otorgar ventajas, donde debería primar la igualdad en competencia, nos coloca en un intersticio democrático difícil.

El fantasma del fraude nos persigue continuamente; éste se ha querido ocultar bajo la tesis de que es “pataleo” de quien pierde, sin embargo cuando emanan las pruebas que sustentan esos fraudes y los actores encargados de investigar y desmenuzar esas pruebas se resisten, las dudas inundan nuestros pensamientos.

Pensar que todo se rentabiliza y que la repetición de un postulado (falso) lo convierte en realidad, ha llevado a muchas instituciones públicas a efectuar cuantiosas inversiones en materia de comunicación y/o pago de publicidad.

Pero han olvidado que la efectividad del mensaje no depende siquiera del mensaje mismo, sino del emisario y su crédito social. De ahí la millonaria inversión en publicidad de parte de la JCE y otras instituciones estatales.

Pedir una explicación exhaustiva a un órgano que se creó precisamente para eso, no deben ser visto con malos ojos; a menos que se muevan hilos conductores a desastres de orden superior.

Hay un error que se ha cometido, y validado como correcto políticamente, que es el relacionado a pensar: con una muralla mediática se soluciona X reclamo.

La activación de cajas de resonancia para mostrar o distraer el debate sobre un tema electoral, no es la solución.

El finiquito de un contenido de esa estirpe es clarificar todas las dudas de todos los actores. Nunca se puede complacer a todos, pero todos deben confiar en los árbitros y eso solo se logra si esos árbitros dan muestras de independencia y honestidad.

 

 

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