Opinión

Unas elecciones sin tropiezos


Por: Emerson Soriano.

Las elecciones son una de las muestras más importantes del desempeño democrático de un país. Esto es, en principio. Porque el hecho de que en un sistema equis estén instituidas las elecciones no asegura, per se, que su desempeño se corresponda con los estándares de pulcritud exigidos para las mismas por una verdadera Democracia Constitucional. Puede ocurrir que, en un país, su gobierno se precie de democrático, pero valiéndose de las mayorías exigidas para decidir el tipo de Constitución que regirá tal democracia se haya confeccionado, a la medida de sus intereses, una Constitución aviesa que, por ejemplo, establezca límites absurdos al ejercicio del derecho a elegir. Si bien es cuestión que se encuentra superada casi en todas las latitudes.

Con todo, este no es el caso de la República Dominicana, en la que rige una Democracia Constitucional que, con sus falencias, favorece un ejercicio del derecho a elegir, en apariencia funcional, aunque imperfecto, habida cuenta de que la ley instituye el llamado voto preferencial, una verdadera aberración que propicia la alienación de la voluntad de elegir mediante la compra de esta, lo que abre las brechas a la corrupción, al neopatrimonialismo estatal y a un modelo clientelar de la política. Pero ese es un aspecto, o una llaga, sobre la que habrá de poner el dedo la evolución consciente del pensamiento crítico de los ciudadanos en su momento oportuno.

Comoquiera, hay razones para que nos preocupemos por algunos factores que pudieran empañar el desempeño de las elecciones por venir. Uno de ellos es que, a la fecha, se han producido varias muertes por discusiones de tipo político, hechos que precisan de la atención del liderazgo nacional, toda vez que en él reside la responsabilidad de orientación a la población acerca del significado de la democracia, la importancia de las elecciones para su sostenibilidad y la innecesaria verificación de la violencia como forma de dirimir sus diferencias políticas.

El temor es que esa violencia pueda acrecentar conforme se acerque el proceso electoral o que desemboque en una manifestación de presencia importante a partir de los resultados de dicho proceso, a tal punto que constituya una perturbación de este o derive en la innecesaria pérdida de más vidas humanas. La propia Conferencia del Episcopado Dominicano ha lanzado una voz de alerta -que considero tiene como destinataria a nuestra clase dirigente-, en el sentido de que debe respetarse la voluntad popular expresada los comicios venideros. Este solo hecho es suficiente para poner en situación de diligencia al Gobierno, como principal actor político del país, y a los partidos de oposición. Todos, tienen la obligación de garantizar unas elecciones sin tropiezos.


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