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RESUMEN
Politólogo y Miembro de la FP.
La política dominicana nunca decepciona…al menos en materia de giros inesperados dignos de una telenovela. Hoy, el protagonista es Carlos Amarante Baret, aquel que hasta hace poco juraba que con Leonel Fernández ni a la esquina, y que ahora, con una sonrisa política perfectamente ensayada, pasa a respaldar al presidente de la Fuerza del Pueblo. Lo que ayer era un “jamás” rotundo, hoy se convierte en un “cuente conmigo, presidente”.
Cuando operaba como Cúpula de hierro del PLD, Amarante Baret era una de las voces más duras contra Fernández. Sus declaraciones no dejaban dudas: lo veía como un obstáculo político y una figura de la que había que tomar distancia. Pero al parecer los vientos soplan hacia el lider. Hay que borrar ofensas, disolver enemistades y convertir las diferencias ideológicas en meras “interpretaciones pasadas”.
El viraje de Amarante Baret podría verse como madurez política, si no fuera porque este tipo de “madurez” suele florecer justo cuando las encuestas, las alianzas y las oportunidades de poder se alinean. Más que un cambio de convicción, parece un cambio de asiento en el autobús del poder.
Este tipo de político puede resultar oportuno en el momento presente: aportan votos, suman estructura y generan titulares. Pero la historia enseña que, cuando el viento cambia, su brújula apunta hacia el mejor postor. Lo que hoy es respaldo incondicional, mañana puede ser adiós sin despedida, pensemos en el futuro de la FP.
La Fuerza del Pueblo nació, en gran medida, como respuesta a las malas prácticas y distorsiones que minaron al Partido de la Estrella amarilla desde dentro. Pero cada vez que se recibe con alfombra roja a figuras que han sido protagonistas de esas mismas prácticas, se corre el riesgo de incubar, en silencio, las mismas enfermedades que se juró combatir. Hoy suman fuerza y estructura; mañana podrían sembrar las semillas de los mismos vicios que un día nos llevaron a romper y empezar de nuevo. La pregunta no es si nos ayudarán a ganar una batalla electoral, sino si no terminarán diluyendo el sentido mismo por el que la Fuerza del Pueblo existe.
Aquí no hablamos de un simple gesto de reconciliación. Hablamos de un salto olímpico desde la crítica más feroz hasta el abrazo más cálido, sin escalas intermedias.
Pensemos en él origen.

