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EDITORIAL | Danilo Medina y Luis Abinader: dos formas opuestas de ejercer el poder y de enfrentar la corrupción


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No es justo ni correcto comparar a Danilo Medina con el presidente Luis Abinader. Sus estilos de gobierno, su visión del poder y, sobre todo, su relación con la institucionalidad y la justicia son profundamente distintos.

Durante los gobiernos de Danilo Medina, el poder se concentró en un reducido círculo familiar y político. Hermanos y cuñados ocuparon posiciones clave y, desde allí, arrasaron con los recursos del Estado, dirigiendo y controlando áreas estratégicas sin consecuencias visibles. Todo parecía responder a una lógica de protección mutua, donde el poder servía para blindar a los cercanos.

Luis Abinader, en cambio, ha marcado una diferencia sustancial. No solo no ha replicado ese esquema familiar ni de compadrazgo, sino que ha permitido y respaldado acciones judiciales contra personas que fueron sus amigos y colaboradores. En su gobierno no ha habido espacio para tapar, encubrir o proteger a nadie por razones personales o políticas.

La diferencia se evidencia con claridad en el manejo del Ministerio Público. Danilo Medina tuvo a Jean Alain Rodríguez, un funcionario de su extrema confianza política, al frente de la Procuraduría General de la República. Luis Abinader, por el contrario, designó a Yeni Berenice Reynoso, una procuradora sin vínculos políticos con él ni con el Partido Revolucionario Moderno (PRM), garantizando así independencia y credibilidad en la persecución de la corrupción.

Son dos modelos opuestos: uno basado en el control, la protección y la impunidad; otro sustentado en la separación de poderes, la institucionalidad y el respeto a la justicia. Pretender igualarlos no solo es un error, sino una falta de honestidad frente a la realidad política que vive la República Dominicana.

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