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RESUMEN
La campaña presidencial de Luis Abinader en el año 2020 se excedió en las expectativas que sembró en la población, y hoy comienza a manifestarse una etapa inevitable: la decepción. Se construyó un relato en el que todo lo ocurrido durante el gobierno de Danilo Medina y el PLD era presentado como un absoluto desastre, mientras se vendía la idea de que, con la llegada del PRM al poder, los problemas históricos del país se resolverían casi por arte de magia.
Esa narrativa, eficaz desde el punto de vista electoral, fue diseñada con plena conciencia de su impacto emocional y político. No se trató solo de una crítica al pasado, sino de la creación de una esperanza desbordada, difícil por no decir imposible de sostener en el ejercicio real del poder.
Hoy, quienes articularon aquella campaña persuasiva deben ser igualmente conscientes de las consecuencias. Gobernar no es lo mismo que prometer, y la distancia entre el discurso y la realidad comienza a pasar factura. Cuando las expectativas se inflan más allá de lo razonable, el desencanto llega con mayor fuerza.
En los próximos dos años, la aprobación y la confianza en el gobierno enfrentarán una prueba decisiva. No necesariamente porque todo esté mal, sino porque se prometió demasiado. La lección es clara: la propaganda puede ganar elecciones, pero solo la gestión honesta, realista y eficaz puede sostener la credibilidad de un gobierno ante su pueblo.
