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EDITORIAL | El ajedrez del poder: el presidente Abinader perfila su jugada maestra rumbo al 2028…


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En política no existen las casualidades, y mucho menos cuando se trata del ejercicio del poder. Cada movimiento, cada imagen y cada escenario están cuidadosamente calculados. Lo ocurrido recientemente con el presidente Luis Abinader no es la excepción: es una jugada estratégica que revela, sin decirlo abiertamente, el rumbo que podría tomar el oficialismo de cara al 2028.

Enviar a la vicepresidenta Raquel Peña a encabezar la inauguración de una obra clave junto al ministro de Turismo, David Collado, no es un acto protocolar más. Es una señal política. Es un mensaje. Es una advertencia. Abinader está construyendo algo más que obras: está moldeando el relevo del poder.

En un Partido Revolucionario Moderno (PRM), donde las aspiraciones presidenciales comienzan a brotar como pólvora, el mandatario parece haber optado por una ruta distinta: evitar el caos, contener las ambiciones desbordadas y proyectar una fórmula de equilibrio que garantice continuidad sin fracturas. Y, en ese tablero, Peña y Collado emergen como piezas clave.

No se trata solo de posicionamiento. Se trata de narrativa. La imagen de ambos líderes juntos no solo transmite unidad, sino que envía un mensaje directo a lo interno del PRM: el poder no se improvisa, se construye. Porque cuando un presidente en funciones empieza a proyectar figuras específicas en escenarios estratégicos, no está improvisando; está diseñando el futuro.

La historia política dominicana está llena de ejemplos donde la falta de cohesión interna ha destruido partidos desde dentro. El PLD es el caso más reciente: una maquinaria poderosa que se desmoronó cuando perdió el control del poder y dejó al descubierto sus fisuras. Abinader parece haber aprendido esa lección y no está dispuesto a repetirla.

Por eso, este movimiento no solo apunta a una posible fórmula presidencial; también busca enviar un mensaje disciplinario a quienes, dentro del PRM, ya se ven con la banda presidencial sin haber pasado por el filtro del consenso y la estrategia. Sin embargo, este ajedrez político no está exento de riesgos.

Cuando el poder comienza a inclinar la balanza hacia determinados actores, inevitablemente genera resistencias. Y, en política, los desplazados no se quedan de brazos cruzados. Las tensiones internas pueden intensificarse, y lo que hoy parece una jugada brillante podría convertirse en el detonante de una guerra silenciosa dentro del oficialismo.

Pero Abinader está apostando. Apostando a que el control, la planificación y el timing serán suficientes para mantener unido al PRM y garantizar la continuidad de su proyecto político. La gran pregunta es: ¿aceptarán todos esa línea o comenzará una rebelión interna?

Lo que sí es seguro es esto: el 2028 ya comenzó. Y el presidente no está esperando el pitazo inicial… ya está jugando su partida. Porque, en el poder, el que se adelanta domina. Y Abinader acaba de mover primero.

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